Restituido/a

Francisco Madariaga Quintela

“Tener identidad es lo más lindo que hay, fueron muchos años de sentir un gran vacío”
 Francisco Madariaga Quintela
Nombre del nieto/a

Francisco Madariaga Quintela

  • ADN: 17 de febrero, 2010

Nació en julio de 1977 en el Hospital Militar Campo de Mayo, durante el cautiverio de su madre, Silvia Mónica Quintela Dallasta, secuestrada el 17 de enero de 1977 en la vía pública en Florida, zona norte del conurbano bonaerense, embarazada de cuatro meses. Según testimonios de sobrevivientes, Silvia permaneció detenida en el centro clandestino "El Campito" de Campo de Mayo, y se le practicó una cesárea en el hospital de dicha guarnición del Ejército. Su compañero, Abel Madariaga, logró exiliarse en Suecia y más tarde en México, hasta que regresó a la Argentina en 1983. Desde entonces, se integró a Abuelas de Plaza de Mayo para buscar a su hijo.

La familia de Francisco Madariaga Quintela

Silvia Mónica Quintela Dallasta
Madre

Silvia Mónica Quintela Dallasta

Desaparecida el 17 de enero de 1977 en la localidad de Florida, zona norte del Gran Buenos Aires. Embarazada de cuatro meses.

Abel Pedro Madariaga
Padre

Abel Pedro Madariaga

No desaparecido. Histórico secretario de Abuelas de Plaza de Mayo.

Silvia nació el 27 de noviembre de 1948 en la localidad de Punta Chica, partido de San Fernando. Estudió Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, al momento de su secuestro, tenía 28 años y estaba terminando su residencia como cirujana en el Hospital Municipal de Tigre.

Abel nació el 7 de febrero de 1951 en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos. Cursó la carrera de Agronomía en la UBA hasta que fue expulsado por la intervención en esa casa de estudios. Junto con Silvia militaba en la columna norte de Montoneros. A ella la llamaban “María”.

En dictadura, la búsqueda de Francisco la llevaron adelante sus abuelas, Sara Elena de Madariaga y Ernestina "Tina" Dallasta de Quintela. Escribieron y se acercaron a cuanto ministerio público pudieron, pero en todos les cerraron las puertas. De vuelta en el país, Abel se incorporó activamente a Abuelas y fue el encargado de desarrollar gran parte de las estrategias de difusión de la institución para convocar a los jóvenes que, como su hijo, tuvieran dudas sobre su identidad.

Francisco se acercó a nuestra Asociación el 3 de febrero de 2010, manifestando que creía ser hijo de desaparecidos. Su apropiadora le había confesado que lo habían traído de Campo de Mayo y que su ex esposo, el represor Víctor Alejandro Gallo, oficial de Inteligencia del Ejército Argentino y miembro del Batallón 601, le había dicho que el niño había sido abandonado allí. Al día siguiente, Francisco se realizó los estudios de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos y el 17 de febrero se confirmó que era el hijo de Silvia y Abel. De inmediato, quiso conocer a su padre, con quien se fundieron en un abrazo interminable.

Su madre permanece desaparecida.

197717 de enero

Desaparición de la madre

1977julio

Nacimiento del/a nieto/a

201017 de febrero

Restitución

101Número de caso resuelto

“Voy al hospital Durán a hacerme la extracción de sangre y ya ahí adentro me miraban y se reían porque me veían muy parecido a Abel”
Francisco Madariaga Quintela

Padre e hijo

“Fueron 32 años de angustia y de mucha violencia. Años oscuros en los que sentía un vacío inexplicable, como que no pertenecía a esa familia”, contó Francisco el mismo día que conoció su verdad. Su infancia y adolescencia fue tortuosa, sufrió la violencia física y psicológica de su apropiador, que lo mantuvo cautivo como botín de guerra. Consecuencia de esos maltratos, desde temprana edad se le declaró una diabetes insulinodependiente con la que peleaba a diario. “No tener identidad es como ser un fantasma”, decía. Nunca olvidaremos su felicidad y la de su padre, Abel, cuando se encontraron. La misma nariz, las mismas manos, los mismos gestos. “Hoy mi alma está curada y revienta de alegría”, afirmó Abel aquella tarde. Lamentablemente, la enfermedad siguió avanzando y Francisco falleció el 18 de septiembre de 2020. Hoy sus restos descansan en el Río de la Plata, tal como él quería, quizás junto con su madre.

“El día que nos encontramos nos fundimos en un abrazo hermoso”
Abel Madariaga

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