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Noticias · 10 de octubre de 2018

Victoria, una hija orgullosa de la militancia de sus padres

  • Fuente: Abuelas Difusión
  • Autor: Eugenia Sampallo Barragán

La nieta restituida María Victoria Moyano Artigas dio testimonio en el juicio por los crímenes en la Brigada de San Justo que se realiza en La Plata.

La nieta restituida Victoria Moyano Artigas declaró en el juicio que investiga los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención Brigada de Investigaciones de San Justo. Victoria ya prestó testimonio en otras oportunidades: en Roma por el Plan Cóndor y en el juicio conocido como “Plan sistemático de apropiación de menores”. En esta ocasión, su relato tuvo que ver con el secuestro y permanencia de su madre, en 1978, en la Brigada de San Justo.

María Asunción Artigas, “Mary”, estudiante de Medicina, se casó con Alfredo Moyano, “Fredy”. Ambos militantes de Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) en Uruguay, tuvieron que exiliarse en Argentina a fines de 1973 por la persecución que sufrían, al igual que toda la familia Artigas, eran amenazados en su propia casa por el jefe de inteligencia José Gavazzo. Los hermanos de Mary, Alberto y Rubén, fueron detenidos y encarcelados en Uruguay.

Ya en Argentina, Mary y Fredy obtuvieron la protección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Continuaron estudiando, trabajando y militando hasta que en los primeros meses de 1975 fueron secuestrados por primera vez junto con Enriqueta Santander, la mamá de Fredy. Los tres fueron llevados a un lugar que coincide en sus características con la Brigada de San Justo, aunque no pudieron ver el sitio. Días más tarde, después de ser interrogados y torturados por miembros de las fuerzas de seguridad argentinas y uruguayas, fueron liberados. Todo había sido parte de una serie de secuestros ejecutados contra militantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN) y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Para 1977 continuaban su militancia en el MLN-Tupamaros; ella seguía sus estudios y él había comenzado Psicología. Además trabajaba como pintor y formaba parte del Sindicato de Pintores. Casi llegaba fin de año cuando el 30 de diciembre fueron secuestrados de su domicilio en Berazategui. Mary, sin saberlo, estaba embarazada. Esta vez su secuestro estaba vinculado con la persecución contra los Grupos de Acción Unificadora (GAU) que había comenzado en noviembre de 1977 en Uruguay. A partir de entonces, Mary y Alfredo fueron alojados en los centros clandestinos COT I Martínez, Brigada de San Justo, Pozo de Quilmes y Pozo de Banfield.

En el Pozo de Banfield Mary confirmó su embarazo con otra uruguaya secuestrada, María Antonia Castro. Allí al menos dos médicos observaban cómo avanzaba su embarazo en medio de las condiciones paupérrimas en las que vivía como el resto de los secuestrados. También como ellos fue interrogada y torturada. Alguna vez tomó leche, una vez le dieron vitaminas, estaba obligada a repartir la comida entre sus pares y retirar los excrementos de las celdas. El 25 de agosto de 1978 dio a luz. Le prohibieron amamantar a su hija recién nacida pero Mary lo hizo igual y ocho horas después del parto fue separada definitivamente de su hija. Pudo contarle los detalles del nacimiento a sus compañeros y pedirles que quien fuera liberado avisara a la familia sobre el nacimiento. A ella le aseguraron que dejarían a la niña en la Casa Cuna y le hicieron completar un formulario sobre antecedentes de enfermedades familiares. A partir de entonces su ánimo decayó y no se sabe qué sucedió con ella después de los primeros días de octubre.

El médico de la Brigada Jorge Héctor Vidal dio fe del nacimiento de una niña en el domicilio de un agente policial de aquella dependencia, Carlos Ferreyra, y la recién nacida María Victoria fue entregada al hermano del comisario, Víctor Penna, quien con su esposa, María Elena Mauriño, la inscribieron como hija propia.

Le dijeron que sus padres habían muerto en un accidente vial, también que su padre la había abandonado y que su madre había muerto en el parto. Recién en 1987 Victoria conoció a su familia. El 31 de diciembre de aquel año se encontró con sus abuelas Enriqueta y Blanca Nilo, su familia y las Abuelas y empezó a saber la historia de sus padres, lo que había sido la dictadura y que había otros niños como ella que eran buscados incansablemente. Con los años investigó, buscó documentación, habló con quienes estuvieron secuestrados con sus padres. Toda esa información fue la que pudo exponer ante los jueces.

Les pidió que no dejen de tener en cuenta el rol que la Brigada de San Justo tuvo en el mecanismo de represión, un rol que comenzó con un gobierno constitucional en complicidad con dictaduras latinoamericanas. También les pidió que tengan en cuenta a su padre, quien vivió las mismas circunstancias que Mary hasta desaparecer. Hoy nadie está acusado por su secuestro, por sus torturas y tampoco hay acusados por haber hecho posible su apropiación. Les pidió que no garanticen la impunidad, que los crímenes cometidos no queden sin condena porque de otro modo la violencia política regresa.

Victoria siente orgullo por la militancia de su familia y dijo que hoy, que sus padres y sus abuelas ya no están, ella es su voz.

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