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Noticias · 29 de junio de 2020

“Todo fue por una convicción política, porque queríamos un país distinto”

  • Fuente: ANCCOM
  • Autor: Azul García

Siguen de manera virtual, y sin restricciones, las audiencias del juicio Contraofensiva Montonera. Prestaron testimonio dos ex militantes que volvieron del exilio para participar en la operación, investigadoras y un médico del Ejército.

Entre 1979 y 1980 Montoneros llevó adelante la operación conocida como Contraofensiva que implicaba reagrupar militantes exiliados en diferentes países para retornar a la Argentina y formar parte de la resistencia contra la dictadura cívico-militar. El Tribunal Oral Federal Nº 4 de San Martín juzga a nueve militares, ex integrantes del Servicio de Inteligencia del Ejército por secuestrar, torturar y asesinar a 94 ex combatientes de la organización.

En la tercera audiencia desde la reanudación del juicio declaró, desde Misiones, Graciela Franzen. Ella fue militante de Montoneros y participó en la primera Contraofensiva. “Mi militancia fue gremial y política, pero nunca dejé la militancia barrial”, precisó. Su hermano mayor, Luis Arturo Franzen, fue asesinado durante la masacre de Margarita Belén, en Chaco.

La historia de su hermano y la suya se entrecruzan muchas veces. Él era buscado por organizar una comisión para recuperar unas tierras de Posadas que se las quería adueñar una inmobiliaria. Se refugió en Resistencia después de un allanamiento y en 1976 lo secuestraron. “Le dije a mi mamá que la próxima iba a ser yo y me fui a las afueras del pueblo”, comentó.

Sería secuestrada en los montes, después de una persecución. La llevaron a la Casita de los Mártires, un lugar de tortura sin electricidad, donde la tuvieron un día y medio con picana eléctrica a batería. Ahí perdió la audición de un oído. “Cuando me empecé a desangrar me llevaron con un médico para que me curara y luego de una semana pasé a disposición del Poder Ejecutivo que me trasladó a la cárcel de Villa Devoto, donde pasé dos años”, contó.

“Me enteré de la masacre de Chaco en la cárcel, pero no sabía que mi hermano había estado ahí. Lo supe después, cuando mi mamá hizo el trámite para traer el cuerpo y enterrarlo acá”, explicó y reveló que hace poco se enteraron que los restos enterrados no eran de Luis Arturo Franzen sino de un compañero.

En 1978, Leopoldo Galtieri visitó Devoto e interrogó Franzen y a sus compañeras. “Me llevaron a un cuarto y me preguntaron dónde estaba mi hermano. Me dio tanta bronca e impotencia que les golpeé el escritorio y les grité que ellos lo habían asesinado”, dijo. Dos meses después la liberaron y se exilió en España.

Durante su corta estadía en el viejo continente trabajó como empleada doméstica del Embajador de Noruega. “Era una familia amorosa, comía con ellos siempre. Un día me preguntaron por qué estaba ahí y yo lo conté, porque es mi historia y no me avergüenza. Cuando los vi llorar, entendí que hay cosas que nosotros habíamos naturalizado y que para el resto del mundo era una barbaridad”, expresó.

Volvió a encontrarse con Montoneros y con la posibilidad de retornar al país en el marco de la Contraofensiva. “Me despedí de mis compañeras con las que vivía y viajé a Madrid donde estuvimos semanas discutiendo sobre política y preparándonos para volver”, relató.

Salió de España con tres compañeros en 1979 rumbo al Líbano. “Fuimos a Damour, una ciudad bombardeada y estuvimos casi tres meses en una base palestina entrenando. Vivimos dos bombardeos y nos refugiamos debajo de una iglesia”, recordó. Allí se enamoró de un palestino que le pidió que se quedara y se casara con ella. “Le dije que él tenía que luchar por la liberación de Palestina y yo por la de mi país, que quizá un día nos encontrábamos de nuevo. Nos despedimos en la ruta con un abrazo que aún siento hasta hoy”, evocó conmovida.

Cuando regresó a Argentina se alojó en un hotel, de donde fue secuestrada por tres personas de civil. “Mi primer pensamiento fue: otra vez la tortura, no. Me encerré en el baño e intenté cortarme las muñecas y el cuello con un cortapapeles”, dijo. Terminó en una comisaría, encerrada durante tres días. Su mayor miedo era no aguantar la tortura y delatar a sus compañeros. “Pero me pude aguantar”, mencionó con alivio y orgullo.

Finalmente la liberaron y recorrió las casas de los pocos familiares que tenía en Buenos Aires, hasta que encontró un trabajo de doméstica con cama adentro en Caballito. Sin embargo, los miedos no se iban y durante un viaje de fin de semana de la familia que la empleaba, Franzen le rogó a su vecina que la dejara dormir en su casa porque no quería irse a un hotel. “La primera noche la pasé en un hotel sin pegar un ojo. La segunda pude entrar a la casa donde trabajaba saltando la medianera de la vecina y como no tenía la llave de mi cuarto dormí en un hueco a la intemperie. Al otro día la vecina me alojó en su casa, porque se había sentido muy mal”, agregó recordando su solidaridad.

Mientras, la buscaban en Paraguay y en Argentina. Un pariente que pertenecía a Gendarmería estaba detrás de ella y la obligó a irse del país nuevamente. Pasó la frontera a Brasil en un taxi y por la ventana vio carteles con las caras de sus compañeros Montoneros. “En Brasil viajé varios días hasta que encontré a un primo hermano de mi papá que vivía en un campo”, recordó.

Se quedó allí cuatro años, de casa en casa y trabajando en diferentes lugares. “A algunos les contaba mi historia, a otros no, pero el desarraigo era muy grande, yo quería volver a mi patria”, agregó. En 1983, su madre, a través de cartas, le contó de las elecciones y ella rezó frente a la televisión en blanco y negro esperando el retorno de la democracia. “Ya estaba embarazada cuando volví, con mi documento de verdad y a mi casa de siempre, donde aún vivo”, finalizó.

Su historia, con tres secuestros, dos desarraigos y diferentes identidades, marca una constante en la historia de la militancia durante la dictadura. Diego Menoyo, el segundo testigo de la audiencia, vivió un itinerario similar. “Nunca nadie nos dio una orden que tuvimos que cumplir como si fuéramos soldaditos. Todo fue por una convicción política, con discusión y consenso entre nosotros, porque queríamos un país distinto”, afirmó.

Previamente, declararon la antropóloga Verónica Almada, quien durante seis horas reconstruyó a través de los archivos del Ejército el accionar del aparato represivo, y el médico del Ejército Gabriel Matharan, quien se negó a recordar. En la reanudación del juicio, Stella Segado, especialista e investigadora en archivos dela represión, detalló cómo funcionaba la inteligencia militar en la dictadura.

Las audiencias se realizan de manera virtual los jueves a las 9:30. La transmisión quedó a cargo del medio La Retaguardia, que lo emite en vivo por su canal de YouTube.

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