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Noticias · 10 de agosto de 2021

“Tengo la esperanza de que mi hermana haya dado a luz y ese bebé, hoy adulto, aparezca"

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Hugo Pujol, sobreviviente del genocidio y hermano de una desaparecida, prestó testimonio ante el TOF 1 de La Plata en el juicio por los crímenes en Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús.

“Yo tenía 20 años en 1976. Fui detenido en febrero y estando en la UP1 de Córdoba me entero de la desaparición de mi hermana, Graciela Gladis Pujol, embarazada de 4 meses”, dijo Hugo Pujol en el juicio de #LesaHumanidad por los delitos en Pozo de Banfield, Quilmes y Lanús.

Graciela y su pareja, José Horacio Olmedo, militantes de OCPO, fueron secuestrados el 15 de octubre de 1976 en la ciudad de Buenos Aires. Fueron vistos en los pozos de Banfield y Quilmes. Ambos siguen desaparecidos y, desde #Abuelas, aún buscamos a su hijo/a nacido en cautiverio.

“Ya había desaparecido el hermano de Horacio, Gustavo, que apareció años después como NN en el Cementerio de San Vicente. Con mi hermana hubo unas cartas, así supimos que estaba embarazada y que el bebé iba a nacer en febrero/marzo del 77. Perdemos el contacto en octubre de 1976”.

“Aparentemente fue secuestrada junto con su esposo. En 1978, mis padres reciben una carta de un hombre que había estado detenido con ella. Mis familiares siguieron buscando información. Se presentaron 7 hábeas corpus desde la desaparición de Graciela que nunca fueron respondidos”.

“Tampoco las cartas que se enviaron al Ministerio del Interior y diversos organismos internacionales, a la iglesia católica, a obispos, a Pío Laghi, pidiendo información. Eran todos cómplices. Se sumaron a Madres y Abuelas, a quienes estoy muy agradecido por todo lo que hicieron”.

“Tengo la esperanza de que mi hermana haya tenido al bebé y que ese chico, que hoy tendría unos 44 años, aparezca. Tenemos fe de que podría llegar a suceder el ‘milagro’ de que este niño, hoy adulto, se pueda contactar con los que quedamos vivos. Todo lo que pasamos fue muy duro”.

“Mis padres me visitaban en la cárcel cuando podían, iban a los organismos, y todos eran vigilados y amenazados. Se arriesgaba la vida. Muchas Madres de Plaza de Mayo fueron secuestradas y desaparecidas. Toda esta situación a mí me sorprende a los 20 años, sin entender mucho aún”.

“Yo era un estudiante con poca militancia, pero sabía que pasaban cosas. Graciela tenía 3 años más, casi 24, era estudiante de 6to. año de Medicina, su esposo también, se conocieron en la universidad. Tenían un sano idealismo y creían que sus acciones podían transformar el mundo”.

“Pero indudablemente hubo un plan bien organizado, el famoso Plan Cóndor que bajó líneas represivas a todo el Cono Sur, estaba la Triple A también, era un contexto muy difícil y muchos jóvenes querían resistir a eso. La historia va mostrando quiénes fueron los buenos y los malos”.

“Estuve 8 años preso. Después del 78, fui perdiendo las esperanzas, sabía de las metodologías que usaban para secuestrar, torturar y matar, lo sufrí en carne propia. Fue como una bomba neutrónica que cayó en nuestra familia, quedamos desmembrados, fue recibir un golpe inesperado”.

“Estos hechos fueron creando en la familia mucha unidad, pero también desesperanza, más en mi madre, que siempre pensó que se iba a encontrar con la hija, lo pensó hasta que falleció. Graciela era la luz de la familia. Ella y Horacio siempre buscaron construir una sociedad mejor”.

“Las cicatrices emocionales siguen presentes. Dar testimonio sobre esto, que quizá aporte o no, es la única manera de tener el corazón algo más tranquilo, es importante que se haga justicia para nuestra democracia. Las familias esperamos que se sepa la verdad y que haya justicia”.

“Cuando soy liberado en 1983, dos meses antes de las elecciones, mis padres recuperan un pedazo de la familia y se ponen muy contentos. El reencuentro fue grandioso, pero siempre estaba el tema de mi hermana. Pasaban los años y hablábamos de eso. Es como un vacío la desaparición”.

“Deja una burbuja vacía en medio de la familia, siempre está presente, es virtual pero real al mismo tiempo, porque el recuerdo, las emociones, nunca se van de nuestra mente. Uno veía un objeto de ella y el trauma revivía. Había que tener cierta paz interior para seguir viviendo”.

“Se hizo lo que se pudo en cuanto a los reclamos, todo, pero parece poco siempre. Visto retrospectivamente, el resultado hubiese sido el mismo. Uno quiere armar el rompecabezas con documentación, porque todo fue registrado, y saber que mi hermana estuvo allí, que dio a luz allá…”.

“Eso es lo que uno espera para cerrar esta historia tenebrosa y hacer el duelo, que es posible cuando se sabe qué sucedió. Si no se sabe, la mente empieza buscar algo de dónde agarrarse y no lo encuentra, es pegar manotazos en medio de la incertidumbre. Al no saber, hay un vacío”, concluyó.

Graciela y Horacio continúan desaparecidos. Hugo sigue esperando al hijo o hija de ambos, su sobrino/a, que debió nacer en cautiverio. El juicio por los delitos de #LesaHumanidad cometidos en Pozo de Banfield, Quilmes y Lanús se reanuda el martes próximo a las 9. Podés seguir las audiencias en youtube.com/laretaguardia.

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