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Noticias · 26 de mayo de 2021

“Susana tuvo a su hijo, pero ese niño aún no ha aparecido”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

La sobreviviente Griselda Fernández vio a dos embarazadas durante su cautiverio en el centro clandestino El Campito. Desde Uruguay, donde vive, brindó su testimonio en la megacausa Campo de Mayo.

El juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo sigue avanzando. Entre las y los testigos que declararon durante mayo ante el TOF N° 1 de La Plata –incluidos varios exgendarmes desmemoriados–, se destacó el relato de Griselda Fernández.

Secuestrada el 24 de noviembre de 1976, la llevaron de su casa frente a su esposo, sus hijos y su madre. Su compañero sería detenido días después. “En una zanja me hacen un simulacro de fusilamiento, me meten en un auto y me llevan al Campito. Primero estuve en una barraca más chica, en una carpita individual, luego paso a una de las grandes, y mientras tanto se daba la tortura psicológica, física y el abuso sexual”, contó.

“Vi a dos embarazadas –agregó–. Una chica que cayó con su pareja pero no sé quién es. La vi pasar con su panza. Tez blanca, pelo largo, medio rubia, con una colita, no puedo describir en detalle su rostro. A ella y su compañero les permitían estar juntos. Era un embarazo avanzado”.

“Después tuve contacto con Susana Strizler que dio a luz en Campo de Mayo. Estábamos cerca de ella y nos pidieron a María Adelaida Viñas (desaparecida, hija del escritor David Viñas) y a mí que la acompañáramos a ver a la médica, otra detenida desaparecida, que atendía a todos los secuestrados que caían ahí o tenían algo en una pieza donde había solo una mesa de madera. Acompañamos a Susana y tuvo a su hijo, un varón, lo tuvo un rato en brazos hasta que se lo sacaron y le dijeron que se lo entregarían a sus abuelos. Pero ese niño aún no ha aparecido”, remarcó.

“Ahí conocí a Susana. Supe su nombre porque en ese poquito espacio de tiempo que la acompañamos hasta la habitación nos contó que su compañero había sido asesinado, que ella cayó ahí, y más tarde, cuando declaro, veo su foto y la reconozco. Me dijo que habían asesinado a su compañero en la esquina de su casa y que a ella la secuestran. Después del parto volvió a su barraca, no supe más nada, y yo volví a mi lugar. Estábamos tabicadas cuando se llevan al bebé”, rememoró.

“El 18 de febrero de 1977 me sacan de Campo de Mayo con la promesa de poder encontrar a mis hijos, que no sabía dónde estaban, y ahí me dijeron que mi compañero había sido detenido. Fueron diez meses esperando la entrega de mis hijos. Luego estuve cuatro años con libertad vigilada”, afirmó. Finalmente, recuperó a sus chicos, se fue a vivir al Uruguay y pasó mucho tiempo hasta que supo que su esposo también había sido visto en Campo de Mayo.

Hoy Griselda continúa exigiendo justicia: “Nadie puede desconocer que el golpe cívico militar eclesiástico fue un genocidio. El mecanismo que usaron fue el terrorismo de Estado. Violaron el derecho a la vida, hubo persecución, asesinatos, violaciones, desapariciones, apropiación de niños, aún faltan muchos niños. Hubo muchos civiles con cargos jerárquicos en empresas cómplices de la desaparición y asesinato de trabajadores y apropiación de niños. Hacer este esfuerzo de declarar, una vez más, tras 45 años, sin saber dónde está tu familiar y no poder hacer un duelo, es muy difícil”, concluyó.

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