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Noticias · 01 de junio de 2021

“Pese a todo el dolor, conocer la verdad reconforta”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

El nieto N° 118 restituido por Abuelas prestó testimonio en el juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús.

“No siempre fui Diego Martín Ogando Montesano”, declaró el hijo de Stella Maris Montesano y Jorge Ogando, ambos desaparecidos del centro clandestino Pozo de Banfield. “Mis padres de crianza no podían tener hijos. Me ‘adoptaron’, no fue legal, les dieron el dato de una clínica en Quilmes, fueron el 19 de enero de 1976, llevaron dinero y me compraron. Crecí con ellos, siempre supe que no era su hijo biológico, y luego me enteré cómo fue".

“Por la edad podía ser hijo de desaparecidos. La realidad es que nunca quise hacerme ninguna prueba a ver si lo era, por si llegaba a dar positivo y que ellos tuvieran un problema con la justicia, no me lo hubiese perdonado. En 2015, ambos fallecen con muy poco tiempo de diferencia y ese año me presento en Abuelas –contó–. Me reciben en el área Presentación Espontánea y cuento mi historia. Ven que mi partida está firmada por la partera Juana Franicevich, que tenía vínculo con (el médico policial) Bergés, que había firmado las actas de otros nietos restituidos y ligada a la venta de bebés”.

“Viendo mi partida, me mandan enseguida a hacer una prueba de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Como yo vivo en Estados Unidos desde el año 2000, la hago en el consulado argentino en Miami a través de valija diplomática y así trasladan mi sangre a la Argentina. Después de unos meses, me llama la directora de Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, Claudia Carlotto, y me dice que me va a contar mi historia. Me cuenta el nombre de mis padres, que nací en el Pozo de Banfield, que a ellos los torturaron y desaparecieron. Que tenía una hermana, Virginia, que mi abuela Delia me buscaba desde el momento en que desaparecí, que los represores fueron a buscar a mis padres a su casa en La Plata, que mi mamá estaba embarazada de 8 meses, que estuve un par de días con ella en el Pozo de Banfield. Me contó que el 17 de diciembre de 1976 me vendieron y me cambiaron la historia. Esa fecha fue en la que siempre celebré mi cumpleaños, aunque sabía por mis padres de crianza que no era exactamente ese día. Por testigos, más tarde supe que había nacido el 5 de diciembre”.

Martín también supo que su abuela era una de las fundadoras de Abuelas y pidió hablar con ella. Desde entonces, tienen trato diario y hablan todo el tiempo. “Además me encontré con mi tía, Liliana Montesano, hermana melliza de mi mamá, que lamentablemente falleció hace dos años”, relató. “Mis padres eran platenses. Mi papá tenía 29 años y trabajaba en el Banco Provincia. Mi mamá 27 y era abogada, uno de sus trabajos era con el gremio de los ladrilleros. Tenían a mi hermana, de 3, y a mí que estaba por nacer. Cuando los secuestran, dejan sola a mi hermana”.

“Mi abuela Delia se hizo cargo de mi hermana Virginia y la crió. Tristemente, en 2011, a los 38 años, mi hermana se quitó la vida. Ese año entró en una depresión muy grande. Empezó a buscar, a querer conocer del cautiverio de mis padres, a querer saber sobre las torturas. Esto le hizo muy mal. No puedo entender cómo no puedo estar con ella ni haberla conocido. Todos me hablan de ella como si fuera un ángel y que lo que más quería era encontrarme. La depresión, lamentablemente, es una enfermedad que se apodera de uno y no lo deja decidir”.

“En Pozo de Banfield, a mi madre la llevaron esposada a dar a luz en la cocina, así me tuvo, esposada, ojos vendados, arriba de una chapa, sin ninguna higiene. Mi padre y mi madre fueron torturados y desaparecidos. Mi abuela recibió una carta anónima que hablaba de ellos. Era de un militar de Campo de Mayo, en la carta le decía los números de DNI de ellos y le aseguraba que habían sido enterrados en una estancia a las afueras de La Plata. Pero, hasta hoy, los forenses no han podido encontrar sus restos, se trata de un lugar enorme además”, dijo.

Martín afirmó que la partera Juana Franicevich, quien suscribe su falsa acta de nacimiento y ya se dedicaba al tráfico de bebés, también firmó la de la nieta restituida Ana Libertad Baratti De La Cuadra. Tanto él como Ana Libertad estuvieron en la misma clínica de Quilmes. “Cuando cuento mi historia no pareciera que soy el protagonista. Fue un antes y un después de 2015. Mucho dolor, muerte, padres torturados, desaparecidos, una hermana que a consecuencia de esto no pudo seguir viviendo más... Pese a todo esto, conocer la verdad reconforta”, reflexionó.

Y concluyó dirigiéndose a los jueces del TOF N° 1 de La Plata que llevan la causa: “Estos genocidas, en mi caso y en todos, arruinaron a cuatro generaciones. A mi abuela, a mis padres, a mí y a mi hermana y a nuestros hijos. Aprovecho a pedir cárcel común y efectiva, nada de domiciliarias, para estos represores que nos han arruinado la vida a tanta gente”.

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