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Noticias · 29 de marzo de 2021

Nunca más al silencio

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

A 45 años del golpe, los organismos de derechos humanos no convocamos a la Plaza de Mayo por la situación epidemiológica, pero nuestro mensaje llegó a miles de compatriotas a través de la TV Pública y las redes.

Como cada 24 de marzo, repudiamos el terrorismo de Estado y el plan criminal de la última dictadura cívico-militar, cuyas consecuencias seguimos afrontando. Son 45 años de aquel golpe que nos cambió para siempre la vida a miles de familias y la historia de todo el pueblo. 45 años en los que reivindicamos 30.000 luchas.

Desapariciones forzadas, asesinatos y robo de bebés en los más de 750 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, el encarcelamiento de más de 10.000 presos y presas políticas, el exilio, la miseria planificada, la deuda externa que hambreó al pueblo y nos despojó por décadas de la soberanía como nación.

Estos años nos encontraron luchando por Memoria, Verdad y Justicia. Pero seguimos necesitando toda la verdad, que se terminen los pactos de silencio y los genocidas y partícipes digan dónde están los miles de cuerpos desaparecidos.

En plena dictadura, las Madres y Abuelas salieron a buscar a los desaparecidos. Sobrevivientes y familiares recorrieron el país y el mundo dando testimonio del horror. Sin respuestas del Estado genocida, tomaron las calles para reclamar aparición con vida.

Una vez recuperada la democracia, en 1985 fueron juzgados los comandantes de las Juntas Militares. Más tarde, resistimos a las leyes de impunidad y a los indultos. A partir de 2003, cuando el presidente Néstor Kirchner impulsó la nulidad de las leyes de impunidad, pudimos avanzar en el camino de la Justicia.

Han sido condenados más de mil genocidas y otros tantos están siendo investigados y llegarán a juicio. Resta por conocer gran cantidad de información. La cúpula de la Iglesia, los grupos económicos, la corporación judicial, la embajada de Estados Unidos fueron parte del accionar criminal del terrorismo de Estado. 45 años después, casi en su totalidad, siguen impunes.

Hay en curso centenares de causas por delitos de lesa humanidad, pero muchos de los tribunales las dilatan y terminan garantizando la impunidad. Urge acelerarlas. Exigimos que Diputados apruebe la ley que ya tiene media sanción del Senado para que los juicios adquieran un ritmo mayor: el ciclo de la vida lo impone.

También exigimos que el Congreso ponga en funcionamiento la comisión bicameral para investigar la participación empresarial en delitos de lesa humanidad. Y el Senado tiene otra deuda: la elección del nuevo Procurador General. No es posible que al frente del Ministerio Público Fiscal se encuentre un procurador interino partícipe del lawfare.

A 45 años del golpe, la mayoría de los criminales de lesa humanidad tiene prisión domiciliaria, sin controles, o está en libertad, pese a no haber completado sus condenas. El barrio no es un lugar para genocidas. Su único lugar es la cárcel común.

Los mayores beneficiarios del plan económico de la dictadura, quienes la apoyaron y financiaron, siguen siendo el poder real de este país. La cabeza de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, es un magistrado vinculado a ese poder, el Grupo Clarín. Es el juez que intentó favorecer a los genocidas con el 2x1 y el único que no revirtió su criterio después del pañuelazo nacional. Exigimos democratizar el Poder Judicial para construir la Patria de todas, todos y todes.

Pasaron 45 años y el silencio de los genocidas se mantiene. Saben y callan el destino final de miles de víctimas y la información sobre los nietos apropiados. Hay cerca de 300 personas que viven con un apellido falso. Tienen derecho a conocer su identidad, así como también sus familias tienen derecho a ese encuentro. Todas las familias necesitamos reparar los lazos que la dictadura intentó borrar.

No podemos despedir a más Abuelas sin el abrazo anhelado. Por eso, quienes dudan de su origen, quienes sepan algo, el momento es ahora: acérquense. Y a quienes creen que alguien puede ser hijo de personas desaparecidas, les pedimos que se comuniquen con Abuelas. La garantía para que no se repitan semejantes crímenes es decirle nunca más al silencio.

En nuestro país, todavía hay decenas de presas y presos políticos, víctimas del armado de causas, la persecución y el encarcelamiento arbitrario e ilegal, proceso que instaló el macrismo y que continúa activo en sectores del poder judicial. Exigimos su inmediata libertad y desprocesamiento. Y llamamos a acabar con esos “sótanos de la democracia” que, en connivencia con un sector de la prensa, hicieron del lawfare su método para hacerse del poder en la Argentina y en Brasil, como casos más emblemáticos.

Hace poco más de cinco años, los defensores del neoliberalismo ganaron las elecciones. Con el gobierno de Macri retornaron a escena los negacionistas, los defensores de la impunidad, los endeudadores seriales, los enemigos de la clase trabajadora. Pero este pueblo pudo unirse y recuperar el control del sistema político.

El gran capital financiero, la oligarquía representada por la Mesa de Enlace, los medios concentrados y sus operadores judiciales, siguen allí. No hay que perder la unidad ni permitirles que dicten el rumbo de nuestro país. Y sus negociados no pueden quedar impunes, entre ellos el endeudamiento criminal ante el FMI.

Se impone transformar el poder judicial. Queremos una Justicia justa, que sostenga y practique valores democráticos. Es urgente refundarla. Ponerla al servicio del pueblo.

La erradicación de la violencia institucional es otra deuda de la democracia. Debemos alertar sobre la persistencia por décadas de las peores prácticas. Es imperioso capacitar y consolidar fuerzas de seguridad comprometidas con los derechos humanos y con perspectiva de género.

También tenemos que señalar el aumento de los femicidios y su agravamiento por la desatención de las fuerzas de seguridad y el poder judicial. Por eso, hoy más fuerte que nunca, decimos: ni una menos, vivas nos queremos.

Hay que multiplicar los esfuerzos para enraizar la verdad, hay que sembrar memoria todos los días en todos los ámbitos. Basta de violencia institucional y patriarcal.

En todo el mundo han reaparecido los discursos de odio. Nuestro país no ha quedado exento. Estas expresiones recrudecieron en 2015 con el triunfo de la Alianza Cambiemos, que los habilitó y los reprodujo.

Vimos cómo se estigmatizaba nuestra lucha hablando del “curro de los derechos humanos”, cómo se responsabilizaba a Santiago Maldonado o Rafael Nahuel por su propio destino, cómo se fomentaba la delación a docentes. Vimos, recientemente, las amenazas de bolsas mortuorias en Plaza de Mayo. Estos mensajes intentan que nos veamos como enemigos para intentar legitimar la persecución. Frente a todo esto, decimos una vez más: nunca más el silencio, ¡verdad y justicia por Rafael Nahuel y Santiago Maldonado!

Las desigualdades en las que vivimos han quedado más expuestas a lo largo de este año: familias sin vivienda digna, millones de personas sin empleo formal y sin posibilidad de un ingreso mínimo, más de la mitad de las infancias en situación de pobreza, y el aumento constante del precio de los alimentos.

La pandemia profundizó la grave situación que nos dejó Macri. Y en la Ciudad de Buenos Aires, con Horacio Rodríguez Larreta, el neoliberalismo sigue en el poder, agravando las desigualdades y boicoteando las políticas de inclusión que tratan de implementarse desde el Gobierno nacional. Nuevamente, decimos que la salida es colectiva y con el Estado presente.

La Patria Grande, el sueño latinoamericano que comenzó a construirse hace más de 200 años, y que floreció de la mano de estadistas como Néstor, Lula, Chávez, Cristina, Correa y Evo, sufrió una fuerte derrota en los últimos años.

Con la victoria de Alberto y Cristina en Argentina, el MAS en Bolivia, el proceso que comienza a revertirse en algunos países, reaparecen las esperanzas. Lula vuelve a recuperar sus derechos, el correísmo en Ecuador está dando una dura batalla electoral cuyo resultado conoceremos en pocos días, Venezuela sigue resistiendo y luchando. Evo volvió a su tierra. Saludamos al pueblo de Chile que llenó de lucha sus calles y repudiamos la represión del gobierno de Sebastián Piñera.

Pero debemos estar alertas. La cada vez más alevosa campaña de ejecuciones en Colombia y la desaparición forzada en Paraguay de Carmen Villalba, “Lichita”, de apenas 14 años, luego del infanticidio de sus primitas argentinas, son ejemplos de la barbarie.

Pasaron 45 años del golpe genocida y en nuestro país los pañuelos blancos fueron, son y serán la bandera de la Memoria, la Verdad y la Justicia. También de un pueblo solidario y comprometido. Los pañuelos tienen 30.000 historias, nombres, familias, recuerdos y militancias. Y son 30.000 y están presentes en nuestro pueblo, en nuestra memoria, en cada causa justa que nos convoca. No vamos a permitir el odio: nuestras luchas nacieron en el amor. Nunca elegimos la venganza ni lo haremos jamás. Vamos a seguir este camino hacia la victoria, ¡siempre!

Restitución de la identidad de las nietas y nietos. Libertad a las y los presos y presas políticas. Juicio y castigo a los genocidas y partícipes civiles. ¡30.000 detenidos-desaparecidos: presentes, ahora y siempre! ¡30.000 detenidos-desaparecidos: presentes, ahora y siempre! ¡30.000 detenidos-desaparecidos: presentes, ahora y siempre!

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