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Noticias · 28 de junio de 2020

Los efectos reparadores de la memoria, la verdad y la justicia

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Alicia Lo Giúdice / Abuelas

El Estado debe continuar implementando las políticas que permitan una elaboración individual y comunitaria del trauma histórico provocado por el genocidio.

Por Alicia Lo Giúdice*

Los hechos acontecidos en nuestro país durante la dictadura cívico-militar han provocado una catástrofe social que como genocidio afectó a la comunidad convirtiéndose en un trauma histórico.

Dicho trauma tiene como efecto un arrasamiento la subjetividad, por lo tanto, será necesario crear las condiciones de justicia que, con su efecto reparador, permiten la elaboración de lo trágico de dicha experiencia mortificante.

Para lograr una elaboración subjetiva, psíquica de lo acontecido es necesario que el Estado en democracia no sólo acepte lo sucedido durante ese período, reconociendo el daño que ocasionó que, con su efecto devastador dejó marcas en los cuerpos y en tejido social, sino también es necesario que implemente efectivamente las medidas para lograr la reparación jurídica que va a incidir en el logro de una reparación simbólica. Si se ha producido un daño irreparable, lo que el acto de justicia permite es crear algo nuevo cuyo efecto será devolver la dignidad, hecho fundamental de los derechos humanos. Recuperar la dignidad es la manera de reparar tanto el daño moral como el psíquico.

Fortalecer las políticas de Memoria, Verdad y Justicia a partir del reconocimiento de lo sucedido y, en consecuencia, las políticas que se implementen para reparar la situación, permiten una construcción colectiva de lo acontecido que incide en cómo los afectados directos puedan tramitar lo sucedido y lograr su elaboración. Reconocer públicamente el daño que marcó sus cuerpos, permitirá sostener que es necesario impulsar la reparación jurídica que va a incidir en el logro de una reparación simbólica. El acto de justicia es reparatorio y permite a los afectados la idea que está comenzado a desmantelar las condiciones productoras del trauma.

Reparar deriva del latín reparare, “disponer de nuevo”. Se trata de que los afectados puedan disponer de nuevo de una existencia sin terror y sin impunidad. Implica otorgarles un lugar que les permita recuperar su dignidad a la vez que los reubiquen socialmente y contribuya a establecer una diferencia entre un antes y un después, de lo contrario se los estaría condenando a vivir en condiciones de re-traumatización. Un acto reparatorio sería aquel que posibilita un reposicionamiento subjetivo y que permite al afectado disponer de nuevo de una existencia digna para él y su familia.

La dignidad comprende tanto al sujeto psíquico como al sujeto del derecho. Si el Estado

se hace responsable e implementa los actos de justicia necesarios para ubicar las cosas en su justo lugar, será en sí un acto reparatorio. Lo que se repara es la potencia simbólica de la ley que regula y ordena.

Para que una transmisión simbólica se cumpla, se necesitan tres generaciones, que son las que en Argentina estuvieron en juego en la práctica de “desaparición de personas”: padre, madre, hijos/as, nietos/as. Lo no elaborado subjetivamente por una generación, como marcas de la historia individual y colectiva, se transmite a la siguiente generando sintomatología de difícil elaboración. Será deber del Estado democrático implementar las medidas de reparación jurídica para salir de un discurso renegatorio, que permita una inscripción simbólica de lo acontecido, reparación simbólica, que produce efectos en el ser hablante, favoreciendo las condiciones para elaborar el trauma vivido.

Lograr que la Memoria, la Verdad y la Justicia sea un hecho y perdure como un bien y un derecho inalienable es lo que se podrá transmitir a las futuras generaciones.

*Coordinadora del el Centro de Atención por el Derecho a la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo

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