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Noticias · 23 de octubre de 2020

“Hay mucha gente buena que piensa en el otro como un hermano”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Su infancia, la cocina, el canto y el baile, el secuestro de su hija Laura, la restitución de su nieto, la lucha junto con las Abuelas, en un reportaje íntimo y emotivo Estela repasó su vida.

En el día de su cumpleaños, Estela de Carlotto, brindó una entrevista vía streaming en el Facebook oficial de Abuelas. Con las preguntas del periodista Diego Iglesias, la presidenta de la Asociación habló de todo. “Desde el 13 de marzo estoy en mi casa –contó–. Tengo plantas, aire libre, gatitos que me visitan, no tengo tiempo de pensar en cosas tristes, y en este tiempo se me dio por cocinar. Me levanto pensando qué como hoy. Y empecé a pensar en recetas de mi mamá, cómo hacía tal comida, tal otra”.

A sus 90 años, Estela confesó que está reflexionando mucho sobre el pasado. “Esta situación me hace volver a poner la mente en mi historia, en las cosas buenas, en extrañar a la gente que ya no está. En esta retrospección, cuando me viene alguna cosa que sé que me va a deprimir, enseguida cambio y me pongo a pensar algo agradable y a veces hasta me río sola. Siempre estoy alegre, andando, moviéndome, bailo, canto. Toda esa algarabía que tengo desde chiquita me vino muy bien como docente”, aseguró.

Una vez más, Estela recordó el momento que le dio un vuelco a su vida y a la de su familia. “Tenemos todo para sacarte del país, te van a matar, te están buscando”, le dijo a Laura, su hija, que le contestó: “Mirá mamá, ninguno de nosotros queremos morir, tenemos un proyecto, pero sabemos que miles vamos a morir y nuestra muerte no va a ser en vano”. La última llamada de Laura fue el 16 de noviembre de 1977, pasó una semana sin comunicarse y esperaron, pero nunca volvió a llamar.

“Y empecé a buscarla –rememoró Estela–. En soledad. En la escuela donde yo ejercía mi profesión, sólo una o dos maestras sabían lo que me pasaba. Yo no quería que trascendiera porque la prensa decía que nuestros hijos eran unos terroristas. Y yo pensaba que quien no me entendiera iba a pensar eso, y yo no lo hubiera soportado. Me equivoqué. Lo sobrellevé como algo íntimo, personal. Yo no quería que me lastimaran con eso de que ‘por algo será’, ‘en algo andaban’, ‘con razón usaba shorcitos cortos’… La maldad o el desconocimiento de culpar a la víctima”.

A partir de entonces, y luego del entierro de su hija, Estela se unió a las Abuelas de Plaza de Mayo y nunca más se separaron. De sus primeros años juntas, Estela evocó algunas de las peripecias que vivieron, incluso risueñas, como transportar desde Brasil, en plena dictadura, envueltas como si fueran bombones, las transcripciones de los testimonios de cientos de exiliados con los que se reunieron allí en San Pablo. O una ocasión, en otro viaje, en la que dos compañeras debieron dormir en un hotel alojamiento, en una cama redonda y con espejo en el techo, porque no consiguieron otro sitio.

Mientras duró la charla, la gente fue haciendo comentarios, no sólo desde todas las provincias argentinas sino además desde México, Brasil, Paraguay, España, Canadá. Consultada por Diego Iglesias sobre qué es el amor, Estela afirmó: “Es un sentimiento que sale del alma, del corazón. Es una expresión de las más sanas que tiene el ser humano, amar al otro, aunque sea diferente, aunque tengamos discusiones o cuestionamientos. Y el amor es también a la vida, a la pareja, a los hijos, el amor a estar vivo y a uno mismo, quererse es muy importante para conservar la integridad. Si uno tiene odio, no sirve para nada, el odio te arruina. Por eso el amor no tiene que ser una palabra, es algo que hay que practicarlo”.

Como es habitual, la titular de Abuelas se definió como una mujer común. “Hay tantas mujeres valiosas en nuestro país que trabajan silenciosamente por el otro, que se sacrifican. Lo nuestro ha trascendido, pero hay otras que no, hay mucha gente buena que piensa en el otro como un hermano”, sostuvo. Y volvió al momento de la restitución de su nieto: “Fue el sueño de 36 años hecho realidad, tenerlo ahí, y llevo esa foto de aquel primer abrazo grabada en mis retinas”.

“Hicimos muchas cosas juntos (con Ignacio), nos fuimos conociendo, yo muy prudente, sabiendo que había que ir despacio. Me duele mucho que en esas fotos donde está de chiquito con esa familia (apropiadora), tendría que haber estado conmigo o con su mamá. Pero la vida es eso, hay que ver el lado bueno y disfrutar”, sostuvo. “En 90 años, aprendí del ejemplo de mis padres y los míos fueron muy buenos. Y aprendí a ser una persona querible, aprendí que hay que ayudar, y la vida transcurrió, tuve mis sinsabores, pero los problemas hay que resolverlos”, concluyó. 

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