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Noticias · 30 de abril de 2020

“Esto comenzó a ser posible el día que ustedes decidieron que nos iban a buscar”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

A un año de su restitución, Marcela Solsona Síntora agradeció a Abuelas. Su padre y su hermano menor hicieron lo propio y reflexionaron sobre el valor de la memoria y la lucha colectiva.

Hace un año, Marcela Solsona Síntora recuperaba su identidad y se convertía en la nieta número 129 restituida por Abuelas. Hija de Norma Síntora, desaparecida embarazada, y de Carlos Solsona, sobreviviente de la dictadura, la confirmación sobre su origen fue un largo proceso que requirió de cuidados, paciencia y la intervención de múltiples actores.

“Hoy festejamos nuestro primer años juntos, pero esto no empezó hace un año, esto comenzó a ser posible el día que ustedes decidieron que nos iban a buscar”, escribió Marcela desde Europa, su lugar de residencia, en agradecimiento a nuestra institución.

Su hermano menor, Martín, publicó una carta conmovedora: “Podría agradecerle a Abuelas por los innumerables momentos que hemos vivido en familia desde el 9 de abril de 2020, por devolverle la sonrisa a mi viejo o por completar una parte de mi hermano. Pero para mí es bastante más que eso, es rendirle homenaje a esa amiga en común que tenemos y hemos dado en llamar Memoria”.

“Conmemorar la restitución de identidad de Marce es celebrar la memoria, en defensa de la verdad, pues no hay verdad sin memoria, y un futuro sin verdad ni memoria, corre demasiados riesgos de ser igual al pasado”.

“Celebrar la memoria es recordar que atrás de cada historia de violación de derechos humanos durante la última dictadura cívico-militar, no hay una desgracia personal o familiar sino un sistemático y macabro plan de persecución y exterminio de disidentes, de utópicos luchadores contra un sistema que oprime hasta reventar si es necesario, con tal de obtener su tajada”.

“Celebrar la memoria es recordar que las víctimas no son solo los desaparecidos, los asesinados, los torturados, los presos, los secuestrados, los exiliados, los bebés robados y sus familiares, sino también todos aquellos que vieron restringidas sus libertades por la imposición del deber ser, a punta de pistola y bajo pena de muerte. Víctimas también fueron los pobres que se multiplicaron por miles durante el saqueo. Víctimas son también todos aquellos que desconocen las implicancias políticas y económicas de la última dictadura, y por ende cuánto de su vida actual es también consecuencia de ese pasado”.

“Celebrar la memoria es recordar que la dictadura fue tan argentina como uruguaya, tan uruguaya como chilena, tan chilena como brasilera, tan argentina como sudamericana y tan norteamericana como el Plan Cóndor”.

“Celebrar la memoria es recordar que los responsables no fueron solo militares, sino también civiles, y que vivimos entre quienes estuvieron y están, dispuestos a cualquier cosa para defender sus privilegios”.

“Qué injusto sería con los desaparecidos, con los asesinados por el terrorismo de Estado, olvidar que dieron sus vidas por ideas de justicia y libertad”.

“Celebrar la memoria es recordar las cosas que pasaron y por qué pasaron. Celebrar la memoria es recordar que no existe esfuerzo demasiado grande para convicciones suficientemente fuertes. Celebrar la memoria es recordar lo malo para no repetirlo, pero es también recordar lo bueno. Y que es posible”.

“Por último, quiero reconocerles la seriedad con la que trabajan. Pocas tareas deben involucrar una carga tan grande de emociones y sentimientos como las vinculadas a la búsqueda y restitución de identidad de los nietos, sin embargo, el compromiso de Abuelas con la máxima seriedad y respeto en todo lo que hacen, hicieron posible que hoy yo pueda decir que mi hermana no solo tiene una hermosa sonrisa, sino que la usa bastante”.

“Aunque me queda una duda: ¿hay algo tan pero tan grande que no quepa en el corazón de una abuela? No sabemos que nos depara el futuro, pero sabemos cómo llegar: luchando, como una abuela”.

Por su parte, Carlos, el papá de Martín, Marcela y Marcos, también dijo lo suyo: “Queridas Abuelas de Plaza de Mayo: hace un año nos hicieron un regalo, luego de más de 40 años de desear, imaginar, soñar, desesperar a veces por ese instante, nos regalaron un triunfo enorme”.

“Enorme como la estatura ética y moral que alcanzaron caminando plazas, sí, plazas en plural porque las Abuelas sobrevuelan todas las plazas del mundo donde haya pueblos reclamando justicia”.

“Enorme como es derrotar las mentiras del terrorismo de Estado en el terreno más importante: la mente y los corazones de nuestros compatriotas”.

“Enorme como la decisión indoblegable de perseguir Memoria, Verdad y Justicia, para restañar algunas heridas de los crímenes diseñados por las oligarquías de diverso pelaje”.

“El paso de los días y el transcurrir de los intercambios con Marcela nos fue mostrando, blanco sobre negro, los inmensos obstáculos que debe superar un bebé apropiado al conocer la verdad en su adultez, la gran cantidad de dudas y temores que eso genera, en resumen: vemos el daño causado por esos inexcusables y aberrantes crímenes cometidos. El faro siempre brillante de Abuelas es la guía para todas las víctimas en busca de la verdad”.

“Abuelas, no solo logran que nuestros compañeros caídos no sean olvidados, logran también que sus hijos sean rescatados de los secuestros en que fueron criados y sientan finalmente el orgullo de ser hijos de militantes populares, ¡eso es hacer historia! ¡Eso es dejar huellas en la conciencia humana!”.

“PD: No habrá peste ni cuarentena que impida que llegue el abrazo de agradecimiento interminable por todo lo que han hecho, por todo lo que harán y por la sabiduría de formar un excelente y comprometido equipo. ¡Hasta encontrar a todos los que faltan!”.

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