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Noticias · 28 de noviembre de 2022

El cinismo de un asesino

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

El genocida de la ESMA Adolfo Donda, imputado por la apropiación de su sobrina Victoria, prestó declaración indagatoria en la causa que se le sigue en el TOF N° 6.

El represor de la ESMA Adolfo Miguel Donda Tigel, imputado por el ocultamiento y la supresión de la identidad de su sobrina, Victoria Donda, nacida en ese centro clandestino durante el cautiverio de su madre, brindó declaración indagatoria ante el TOF N° 6.

Inicialmente, Donda Tigel se abocó a negar que estuvo en la ESMA en 1977, en el período en el que su cuñada, María Hilda “Cori” Pérez, dio a luz allí, pese a que tanto ella como varios sobrevivientes lo vieron y hablaron con él. “Fui destinado a Puerto Belgrano y luego al Arsenal Naval de Zárate, donde permanecí hasta febrero de 1978, cuando fui destinado a la Escuela de Mecánica”, dijo.

Según el acusado, recién se incorporó al Grupo de Tareas 3.3.2 en octubre de 1978 y desde 1976 no tenía contacto ni con su hermano, José Laureano Donda, ni con Cori, ambos militantes de la organización Montoneros. Citó dos “entrevistas” que mantuvo con las detenidas Sara Osatinsky y Elsa Martí, en las que una y otra le dijeron que conocían a la pareja y que pertenecían a la Columna Oeste de Montoneros. Con este dato, afirmó Donda Tigel, fue a una reunión con miembros de la Fuerza Aérea –responsable de la represión en esa zona del conurbano bonaerense–, pero, supuestamente, no le aportaron nada.

Donda Tigel afirmó que en 1977 ni siquiera conocía a José Luis Magnacco, el médico militar multicondenado por asistir los partos en la ESMA, incluido el de Victoria Donda. Más inverosímil todavía fue cuando dijo que hasta 1979 no vio a ningún detenido en ese centro clandestino y que ese año conoció al ex prefecto Héctor Febres y a Antonio Azic, quien finalmente se apropió de la hija de Cori.

“Yo nunca supe dónde era el lugar de los partos ni de las embarazadas –se excusó–. Todos lo sabían menos yo”. Así, cínicamente, fue relatando su versión falseada de la historia. Admitió que cuando las sobrevivientes de la ESMA denunciaron desde Europa, en 1979, plena dictadura, con nombre y apellido, lo que sucedía en ese infierno, se enteró que lo mencionaban a él, pero negó saber del embarazo de Cori, que esa misma denuncia consignaba. Dijo que a fines de los 80 o principios de los 90 le llegaron “versiones que estaba embarazada”.

“Mi hermano José era diez años menor que yo, mi hermanito, por eso yo era una especie de padrecito. Era serio, estudioso, inteligente, me admiraba. La relación siempre fue de afecto. Él me hablaba todo el tiempo de justicia social, pero eso no generó un distanciamiento. Él quería que yo me fuera de la Armada y yo que él se fuera de Montoneros”, dijo.

“El 2004, estando yo detenido y Azic también, supe que había aparecido una chica que era mi sobrina. Entonces me comuniqué con Azic por teléfono y él me dijo que no sabía que lo era”, añadió sin que se le cayera la cara de vergüenza, como cuando contó otras presuntas averiguaciones que hizo para conocer el destino de su hermano y su cuñada.

Victimizándose desde el comienzo, negando saber nada de nadie, negando haber estado donde sí estuvo, se puso en el lugar que tantos otros genocidas ya lo hicieron antes sentados en el banquillo. Silencio, cinismo, crueldad, mentiras, ausencia de arrepentimiento, el archiconocido cocktail de estos criminales de lesa humanidad cuando les toca enfrentar a la justicia.

El juicio oral y público continuará el lunes 5 de diciembre a las 10 en el SUM de los tribunales de Comodoro Py 2002 y pueden seguirse por la página del Poder Judicial y por La Retaguardia

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