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Noticias · 14 de marzo de 2016

"Durante muchos años busqué restos, no sabía que tenía que buscar a alguien con vida"

  • Fuente: El Civismo

Esteban Herrera, que busca a un hermano o hermana nacido en cautiverio, junto a la nieta Victoria Montenegro, dieron una charla en Luján en el marco del Mes de la Memoria.

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    <p>La nieta Victoria Montenegro y Esteban Herrera, que busca a su hermano o hermana nacido en cautiverio, dieron una charla en Luján.</p>
    Charla de Victoria Montenegro y Esteban Herrera

    La nieta Victoria Montenegro y Esteban Herrera, que busca a su hermano o hermana nacido en cautiverio, dieron una charla en Luján.

    Fuente: ParesTV - El canal de Luján Fecha: 07.03.2016
 

Los hijos de desaparecidos Victoria Montenegro y Esteban Herrera disertaron bajo la consigna "Relatos de identidad" en el espacio temático Barcelona, en la localidad de Luján. La actividad se enmarcó en las propuestas impulsadas por la Comisión de Familiares y Amigos de Detenidos-Desaparecidos local. 

Montenegro es una de las nietas recuperadas como parte del incansable y fructifico trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo. Su historia acumula circunstancias particulares pero también relatos comunes de un derrotero colectivo que incluyó desapariciones forzadas y apropiaciones. 

Hija de Roque Montenegro y Aida Torres, ambos militantes en la ciudad de Metán (Salta), Victoria nació en Buenos Aires, luego de que sus padres escaparan del Operativo Independencia encabezado por los militares antes del golpe del 24 de marzo y preámbulo de muchas de las prácticas que el terrorismo de Estado implementó consumado el quiebre del orden constitucional.
Apenas 13 días después de su nacimiento, Victoria y su familia fueron secuestrados de la vivienda que ocupaban en la localidad de William Morris, partido de Hurlingham. Su vida cambió para siempre.
Hernán Antonio Tetzlaff fue el coronel que se apropió de su vida e identidad. El militar detentaba la jefatura del centro clandestino de detención conocido como El Vesubio y la responsabilidad del grupo de tareas encargado de las desapariciones, entre ellas la de la familia Montenegro.
A Victoria la rebautizaron como María Sol y borraron su historia personal, no sin además educarla en una visión interesada sobre los hechos que acompañaron su nacimiento: "Me habían enseñado que en nuestro país hubo una guerra y, como parte de estas frases que se usan ahora de echar gente para construir trabajo, me habían enseñado que habíamos entrado en guerra para ganar la paz y que gracias a las Fuerzas Armadas los argentinos vivíamos en democracia. También que era mentira la existencia de personas desaparecidas y que las Madres y las Abuelas eran la peor forma de la continuidad subversiva que era la ideológica, la que trataba de instalar en las familias de quienes éramos hijos de las Fuerzas de que algunos de nosotros podíamos ser hijos de la subversión".
Sin embargo, 25 años después, aquella María Sol comenzó un nuevo y largo parto que le permitió conocer y resignificar su verdadera historia e identidad.
En la charla, la invitada recordó que "fue una causa muy larga, ya que uno de los amigos de mi apropiador, el ex fiscal Romero Victorica, durante muchísimos años se encargó de dilatarla para que nunca se pudiera saber la verdad".
"Fue un proceso difícil por esto de ser María Sol y de creer que todo ese odio era en realidad amor, porque a mí me habían enseñado que había personas que merecían vivir y personas que no", expuso.
Victoria recordó que por esos años todavía existía el debate sobre la conveniencia o no de avanzar con la búsqueda de los bebés apropiados durante la dictadura. A ese contexto social se sumaba el chantaje de los mismos apropiadores: "Aparecía esto de que hubo amor, de que nunca nos faltó nada, de utilizarnos a nosotros como los que podíamos salvar a nuestros apropiadores de ir presos. En ese proceso y en ese deconstruir de María Sol a Victoria, pasaron muchos años y muchas cosas en nuestro país. Había responsables de los vuelos de la muerte que salían en los programas de televisión y que contaban cómo tiraban a nuestros compañeros al mar. Eso era natural porque en nuestro país había impunidad y una idea de que como ese pasado era muy doloroso, había que dejarlo atrás".
"Lo que pasó en el 76 pasó porque en nuestro país siempre pasaban las dictaduras y porque siempre los dictadores quedaban como héroes. Incluso antes del denominado Proceso de Reorganización Nacional en nuestro país hubo un proceso de organización nacional, cuyo responsable es el prócer con más escuelas, avenidas, monumentos. Si 100 años antes quienes llevaron adelante el genocidio que fue la Campaña al Desierto, quedaron como próceres, por qué no iban a venir estos militares convencidos de que venían a poner orden", reflexionó.
Pero los nuevos tiempos políticos abiertos con la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia saldaron las dudas y la impunidad. La invitada dijo que el nuevo mandatario "entendió que la historia no empezaba de nuevo, se presentó como parte de esa generación diezmada". Así "pudimos empezar a reconstruirnos en serio con memoria, verdad y justicia".
"Fue tan terrible lo que pasó que era difícil que alguien no atravesado directamente por esta situación pudiera pensar que de un cuartel se podía secuestrar a una persona", agregó.
Para Victoria Montenegro, los juicios a los genocidas no sólo hicieron posible la condena de muchos responsables, sino que también sirvieron para "generar conciencia en la sociedad".
También permitieron rescatar el trasfondo político y económico del accionar represivo. En tal sentido, la disertante recordó que "los compañeros desaparecían porque eran militantes políticos, desaparecían porque, como decía mi apropiadora, a la subversión había que exterminarla porque era contagiosa, desaparecían por la fuerza y las ganas que tenían de trabajar y militar con el convencimiento de que era posible construir una patria grande".
Según la invitada, los últimos 12 años establecieron un piso en la temática que obliga a redoblar esfuerzos para que la etapa abierta continúe y se profundice.
Por otra parte, apuntó "a los que estaban detrás de los uniformes, porque el objetivo de esa dictadura militar no era desaparecer a 30 mil personas y robar 500 bebés, sino que eso fue un mecanismo para poder instalar un modelo político y económico".
"La batalla que estamos dando es cultural. Más allá de las elecciones y de un resultado, esa batalla nosotros no la perdimos, porque en los 70, cuando desaparecían los compañeros, se cerraban las cortinas y la mayoría de la gente no miraba. Hoy el piso de conciencia es totalmente diferente", aseguró.
En el caso de Esteban Herrera, una parte trascendente de su historia está vinculada a Luján. Su madre, Georgina Simerman de Herrera, integra la lista local de desaparecidos. También en compañía de su hermano Raúl, fueron secuestrados a mediados de 1977 en la localidad de Cortínez. Varias semanas después de ese hecho, los menores fueron entregados a los abuelos paternos.
En su exposición, Esteban explicó que "pude reconstruir varios de los hechos que se fueron sucediendo gracias a distintos cruces de datos que realizó mucho gente".
Como en muchos otros casos, se trató de un rompecabezas que se fue armando pieza a pieza: "Para nosotros, como hijos de desaparecidos, es muy difícil reconstruir la memoria de los que no están sin tener la memoria propia, la tenemos que reconstruir en base a los datos que nos puedan aportar aquellos que conocieron a nuestros padres. Dentro de las anécdotas familiares, después de 40 y pico de días, tuve la suerte de haber sido devuelto a mis abuelos, con los que me crié".
El último eslabón de esa historia todavía espera ser encontrado. Muchos años después de aquellas desapariciones, Esteban se enteró que al momento de la desaparición su madre estaba embarazada. "Durante muchos años sabía que tenía que buscar restos, no sabía que tenía que buscar a alguien con vida. Y gracias al cruce de datos, nos enteramos que mi mamá estaba embarazada y a mí me cambió la vida. Se abrió una puerta de dolor, pero sobre todo de esperanza en el sentido de que esta búsqueda que antes era pesada, ahora es una necesidad vital de salir a buscar a quien hoy tendría 38 años", relató.
Si bien no tiene seguridad "de que mi hermano o hermana haya nacido, teniendo en cuenta los porcentaje de los casos conocidos, son muy pocos los que no llegaron a término cuando se sabía que la mujer estaba embarazada". Esa realidad "abre una luz de esperanzas".   

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