Prensa

Noticias · 12 de diciembre de 2012

"Después de 36 años se conocerá el engranaje del robo de bebés en esta provincia"

  • Fuente: Abuelas, Filial Córdoba
  • Autor: Marta Platía, Fotos: Nicolás Castiglioni

Desde Córdoba

Marité Sánchez: Abogada de Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba:

"No fue fácil llegar a esta instancia, así que esperamos que se abran pistas y caminos para llegar a los nietos que todavía falta recuperar", dijo Marité Sánchez, abogada de Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba, y una de las principales responsables de que la primera causa por robo de bebés en Córdoba ha llegado a juicio.

"Desde el punto de vista jurídico estamos viviendo con cierta satisfacción de que un caso de sustracción de menores esté siendo juzgado después de que Sonia Torres haya luchado tanto -afirmó la querellante por Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba-. Sonia es una de las primeras Abuelas de la Argentina. Su hija desapareció en 1976 y Abuelas se creó en mayo de 1977: es decir que Sonia ya venía buscando sola a Silvina (Parodi), a su yerno Daniel Orozco, y luego a su nieto que nació en cautiverio. Así que ahora, después de 36 años podamos conocer cómo se movió el engranaje de exterminio, de desaparición y de robo de bebés abrirá un camino en la jurisprudencia de Córdoba. Que chicos que fueron considerados un botín de guerra, robados y entregados a quienes ellos quisieran no quede impune".

Según Marité Sánchez, "el caso de Silvina demostrará cómo implicó a militares y también a muchos civiles. Desde el médico que atendió el parto; adónde se lo llevaron, y a los vecinos que vieron llegar un chico a una casa donde nunca hubo nadie embarazada. Este juicio dejará al descubierto un poco todo esto: cómo funcionó toda la red. Esta concepción tan perversa de los militares que mantenían a la madre viva hasta que tenían el bebé y luego se deshacían de ella. Se sabe que hubo dos casos del 77 que nacieron en el Hospital Militar. Los demás nacieron en la Maternidad, y otros nacieron en la Casa Cuna. También acerca de la intervención de Juzgados prevencionales y cómo jugaron en todo esto. Las Abuelas de Córdoba buscan ahora el paradero de unos 22 jóvenes que, sabemos, vieron la luz durante la prisión de sus madres.

La abogada querellante fue, a su vez, víctima de la represión: su testimonio en el juicio que se le llevó en Córdoba al represor Jorge Rafael Videla, a Luciano Benjamín Menéndez y a otros 29 cómplices, y que terminó con sus condenas a prisión perpetua en cárcel común. Y su testimonio también fue determinante para que, en este juicio, se avance sobre un delito de lesa humanidad que antes no se había tenido en cuenta: los abusos de índole sexual a los prisioneros y prisioneras.

En aquel proceso de 2010, cuando a Marité Sánchez le tocó declarar, denunció cómo un abogado de oficio le había pidió sexo a cambio de su defensa cuando ella estaba detenida y en condiciones infrahumanas en la Unidad Penitenciaria 1 (UP1): "Bueno, si vos no querés hablar y tampoco te querés bajar la bombachita, así no vas a salir nunca", le dijo Luis Eduardo Molina, quien ha sido indagado en los últimos meses, por ese delito por el juez Federal de La Rioja Daniel Herrera Piedrabuena.

Sánchez acompaña la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo filial Córdoba y es la jefa de la querella en este juicio. Junto a su colega Mariana Paramio, defienden la causa del robo de bebé de Silvina Parodi, la hija de Sonia Torres; además del esposo de Silvina, Daniel Orozco. También se encargan de la representación por los secuestros, torturas y desapariciones de los hermanos Oscar Domingo y Juan José Chabrol; Elsa Alicia Landaburu; Marta Susana Ledesma y Sergio Héctor Comba.

¿La primera batalla ganada en este juicio? Sin duda la que, insólitamente, debió librar -junto a otros querellantes- contra las protestas de los imputados que se quejaron de que las Abuelas, los familiares e hijos de los desaparecidos llevaran claveles rojos y las fotos de las víctimas y las exhibieran en la Sala de Audiencias. Según los reos, se trataba de "una provocación". Marité Sánchez adujo que "exhibir los rostros de quienes fueron torturados y asesinados no es una provocación, sino un modo de que esas personas que no están vivas para defenderse puedan estar presentes en un juicio tan esperado. Sólo aquéllos que participaron de alguna manera en el terrorismo de Estado pueden sentirse amenazados. En cuanto a las flores -concluyó- las flores significan vida". El juez Jaime Díaz Gavier zanjó la cuestión de inmediato y tanto los retratos como las flores se quedaron. Desde el principio de este proceso judicial ocupan, cada día, su lugar en la sala. Y así será a lo largo de un juicio cuya duración se estima en al menos un año.

Liliana Felipe estuvo entre el público en la cuarta jornada del Juicio por los crímenes en La Perla y el primero que se hace en Córdoba por el robo de bebés. Envuelta en un mantón gris y azul que contrastaba con el clavel rojo que se ha convertido en el símbolo de los Organismos de Derechos Humanos en este juicio, la cantante y compositora argentino-mexicana escuchó la larguísima acusación de la llamada causa "Acosta" con sus ojos claros entre tristísimos e indignados. En ella se detallaron los casos de 139 personas que lograron sobrevivir a los secuestros, torturas, abusos, violaciones y demás tormentos perpetrados por el terrorismo de Estado en la D 2, el campo de concentración de La Perla y en el de La Ribera. Felipe llegó a la Argentina desde México con su compañera Jesusa Rodríguez para estar presentes en el juicio. A la artista le asesinaron y desaparecieron a su hermana Ester Silvia del Rosario Felipe de Mónaco, y a su cuñado: Luis Mónaco, el hijo del pintor del mismo nombre. Ester era psicóloga y Luis era delegado gremial y trabajaba como camarógrafo en el Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba. Ambos fueron torturados, asesinados, tirados a fosas comunes. Todavía están desaparecidos. A la hora de las preguntas de los periodistas, Liliana Felipe recordó a su hermana como "una chica muy divertida y cantadora. Yo le enseñé una canción de Alí Primera y ella sabía cantarla". Entonces, y ante los micrófonos que la rodeaban, Felipe cantó "Coquivacoa", un ritmo venezolano que dice: "¡Pare primo la canoa! /que me parece que llora/la Chinita allá en la orilla/que no es una pesadilla/despierto tú puedes ver!".

Seguir Leyendo