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Noticias · 26 de septiembre de 2021

Adopción o apropiación: reflexiones sobre el uso del lenguaje

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Seguimos pensando sobre el alcance de las representaciones sociales que la lucha de Abuelas puso y pone en tensión, tanto en las aulas como en la comunidad.

A partir de capacitaciones y cursos que Abuelas fue dando a lo largo de los años –para docentes y para público en general–, se ha evidenciado una confusión recurrente. Para referirse a los apropiadores, se emplean eufemismos como “padres adoptivos”, “padres de crianza”, “padres del corazón” o “padres anteriores”. Esta confusión se monta sobre representaciones sociales preexistentes que la lucha de las Abuelas puso en tensión. El lenguaje construye sentido y por eso es importante indagar sobre el origen de tal confusión y explicar por qué hay que desarmar estas miradas.

Tempranamente, las Abuelas cuestionaron el entorno en el que crecían sus nietos y nietas, destacando la mentira como perversión y como falta de amor, pero aún no se había terminado de construir –o explicitar– la idea de que eran víctimas en un ambiente victimario. Es decir, no se entendía a la apropiación como un delito.

Al inicio de la democracia, los jueces, montados sobre esa representación, la consideraban como una adopción porque no había figura legal para las madres y los padres desaparecidos, para los niños/as desaparecidos/as, ni para la apropiación. Hubo magistrados que establecieron un régimen de visitas, como si los apropiadores tuvieran derechos y los niños y niñas fueran hijos/as en un divorcio. Con el tiempo, a fuerza de lucha por el sentido, se comprendió que no eran “madres y padres del corazón”, sino responsables del delito de falsificación y ocultamiento de identidad.

Fue un largo camino para derrotar los prejuicios de funcionarios judiciales y de la sociedad. Con paciencia y compromiso, las Abuelas consiguieron desarmar la idea de la apropiación como un acto de amor y salvación. En este camino, quedó en evidencia el despojo a madres en situaciones límite como una forma de sometimiento de nuestra niñez. Muchas madres en estado de indefensión, generalmente menores de edad, sufren mecanismos de sustracción de sus niños/as, a quienes se arrebata la identidad como si fueran objetos, despojo justificado con prejuicios sobre la pobreza, la maternidad joven o, en el caso de los nietos y nietas, la militancia política de las madres.

Pese a que las Abuelas pudieron cuestionar estas ideas y ensayar nuevas respuestas, aún hoy la huella de aquellas representaciones persiste en el lenguaje. En ciertos sectores continúa vigente la mirada sobre la adopción como un valor en sí mismo, sin importar la forma en que se lleva a cabo. Cuando se “adquiere” un niño o niña por fuera del marco legal se lo trata como mercancía y deja de ser un sujeto de derechos. Esto requiere de la existencia de un circuito ilegal que incluye la connivencia de funcionarios de la salud y la justicia.

Es clave, por tanto, diferenciar adopción y apropiación. La primera es un procedimiento legal que incluye una sentencia judicial que otorga la patria potestad del niño/a a una familia, a la cual la familia biológica le cede el deseo familiar legítimamente. La adopción es una institución noble y necesaria para la protección de las infancias, es aquella que no oculta la verdad y que, desde el acto mismo, protege al niño y la niña y garantiza sus derechos. Estamos en presencia de un padre y/o una madre adoptivos. Actualmente, está regulada por la Ley de Adopción, que rige desde 1997 y garantiza el derecho a la identidad de la persona adoptada: a conocer la verdad sobre su origen y a acceder a su expediente de adopción al cumplir los 18 años.

En cambio, la apropiación es un acto ilegal: no se ha recurrido al sistema de adopción y no hay sentencia judicial que adjudique la patria potestad del niño/a. La práctica más habitual es inscribirlo como hijo/a propio/a, lo cual es un delito. Esto requiere, como se dijo, de todo un circuito ilegal. Los apropiadores, para su propia protección, guardan el secreto del delito cometido, y en ese acto sientan un vínculo basado en la mentira, lo que viola el derecho a la identidad y a la verdad. No estamos en presencia de “padre” o “madre” sino de “apropiadores”.

Confundir los términos en el aula puede dañar la subjetividad de los/as niños/as, tanto de aquellos/as que son adoptados/as como de quienes no lo son, pero pueden conocer a otros/as que sí. Cuando nombramos como padres adoptivos –o cualquier otro sinónimo– a apropiadores, ponemos en duda la propia institución de la adopción. Poner en duda la legalidad de una adopción puede generar incertidumbre y angustia, y en el caso inverso, cuando no subrayamos que una apropiación es un delito, violatorio de los derechos del niño/a, estamos legitimando un acto ilegal.

Es tarea de todos y todas tomar conciencia sobre estas prácticas.

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