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Comunicados · 16 de mayo de 2020

Adiós querida Abuela “Chela” de Fontana

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

Ahora, a la distancia, abrazamos a Pedro y a toda su familia, que es la nuestra.

  • <p>La Abuela Chela Fontana junto a su nieto Pedro Sandoval Fontana y su bisnieto.</p>

    La Abuela Chela Fontana junto a su nieto Pedro Sandoval Fontana y su bisnieto.

    Autor: Paula Sansone Fuente: Abuelas Fecha: 16.05.2020
 

Las Abuelas de Plaza de Mayo despedimos con enorme tristeza a nuestra compañera Clelia "Chela" Deharbe de Fontana. Hasta antes de la cuarentena, Chela viajaba desde Martín Coronado cada semana para asistir a las reuniones de Comisión Directiva, donde se desempeñaba como segunda vocal. En las reuniones de los martes, se comparten las novedades y decisiones institucionales y Chela trataba siempre de encargarse de las actividades que se realizaban en la zona oeste del conurbano bonaerense.

Chela nació en Seguí, provincia de Entre Ríos, el 28 de octubre de 1931. En Entre Ríos se casó con Rubén Fontana, donde vivieron los primeros años de casados hasta que migraron a probar suerte a Caseros, provincia de Buenos Aires. Chela y su familia se acercaron tempranamente a Abuelas, cuando secuestraron a su hija Liliana, embarazada de dos meses y medio, y a su yerno Pedro Sandoval el 1° de julio de 1977, en la casa que se estaban construyendo, también en Caseros. Su marido Rubén Fontana, quien falleció en 2016, fue muy presente en la búsqueda, al igual que sus otros hijos Edgardo y Silvia.

La restitución del hijo de Liliana y Pedro llegó en 2006, de la mano del avance de la genética, que permite tomar muestras de ADN de objetos personales, cuando un posible nieto se niega a la extracción. Aunque al principio fue difícil, Chela, con su dulzura fue acercando a su nieto a su historia. Hasta que un día decidió ponerse el nombre que sus padres habían elegido para él en cautiverio: Pedro Sandoval Fontana.

Cómo olvidar sus ojos transparentes inundados de emoción cuando Pedro la visitaba en alguna ocasión un martes en Abuelas, o su voz tierna para ofrecerse a dar una charla en Caseros, de donde se llevaron a su hija y su yerno. La risa cómplice entre compañeras, sus manos encimadas y tranquilas escuchando atenta a otras y otros. Todo eso y su solidaridad extrañaremos. Porque la Abuela Chela siguió buscando a los nietos de sus compañeras hasta el último día. Un ACV la apagó en este tiempo de distanciamiento, pero sus enseñanzas seguirán iluminando nuestra lucha. Cuando las condiciones sanitarias lo permitan, la despediremos con un homenaje como merece toda Abuela. Ahora, a la distancia, abrazamos a Pedro y a toda su familia, que es la nuestra.

¡Hasta siempre querida Chela!

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