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Noticias · 17 de agosto de 2022

“A mis 9 años pude valorar el esfuerzo enorme de mis abuelas por encontrarme”

  • Fuente: Abuelas
  • Autor: Abuelas

La nieta Victoria Moyano Artigas, nacida durante el cautiverio de su madre en el Pozo de Banfield y restituida en 1988, prestó testimonio en el juicio que investiga los delitos cometidos en ese circuito represivo.

“Soy hija de María Asunción Artigas y Alfredo Moyano. Mi mamá era uruguaya y mi papá argentino. Se conocieron en el Uruguay, en la calle, en las movilizaciones. Ambos eran militantes, pertenecían a la organización Resistencia Obrero Estudiantil (ROE). Estuvieron de novios unos años y allá, recordemos que la dictadura uruguaya empezó antes, fueron detenidos y torturados. Toda la familia Artigas fue perseguida. Los tres hermanos de mi mamá, ella era la mayor, fueron víctimas. (José Nino) Gavazzo, el jefe de Inteligencia del Ejército uruguayo iba en persona a la casa, cada tanto, a retirar a alguno de los hijos de mi abuelo, se los llevaba detenidos y volvían torturados. Dos de mis tíos quedaron como presos políticos, mientras que mis padres se casan y vienen a la Argentina a principios de 1974”.

“Mi madre era estudiante de Medicina y mi padre de Psicología, además de trabajar como pintor, y en Buenos Aires continuaron su militancia. Cuando fueron desaparecidos, en 1977, formaban parte del Movimiento de Liberación Nacional (MLN). En marzo o abril de 1975 ya padecieron un secuestro junto con mi abuela paterna. Vivían en el barrio de Palermo, en casas lindantes, y se presentaron fuerzas conjuntas, con personal uruguayo, al departamento de mi abuela preguntando por el ´botija´, ella les dijo que vivía en Brasil, pero al rato llega mi padre, ve la puerta abierta, entra y ahí los capturan a los tres y los llevan a la Brigada de San Justo, donde permanecieron tres días, y mi madre reconoce que quien la había torturado era Gavazzo”.

“Mis padres siguieron militando hasta que en diciembre del 77 son secuestrados en su casa, en Berazategui, y caen una veintena de integrantes uruguayos del Grupo de Acción Unificadora (GAU). Mis padres pasaron por el ‘circuito Camps’, San Justo, Quilmes y Banfield. En ese momento, mi madre estaba embarazada de mí, pero no lo sabía con certeza. María Antonia, una detenida que estaba allí con su marido, le confirma que está embarazada. De Banfield eran llevados sistemáticamente a Quilmes para ser torturados”.

“La detenida (y sobreviviente) Adriana Chamorro le contó a mi madre que ya habían pasado embarazadas y que habían dado a luz en Banfield, como Yolanda Casco y Aída Sanz, y que les habían quitado a sus hijos. El 20 de mayo de 1978 se llevaron a mi padre de Banfield con destino desconocido, sospechamos que al Uruguay, pero no hemos encontrado el cuerpo. Y queda mi madre en Banfield, donde comparte celda con Adriana hasta octubre de 1978, después de mi nacimiento”.

“Yo nací el 25 de agosto de 1978 a las 12.30. Aunque no se lo permitían, mi madre me dio el pecho, y le dijeron que me iban a llevar a la Casa Cuna de La Plata. Quien firma mi partida de nacimiento es el doctor (Jorge) Vidal, al igual que hizo con la de (la nieta restituida) Paula Eva Logares. Cuando es devuelta a su celda, mi madre le empieza a contar a todos cómo era yo, para que si alguno salía le pudiera contar a mis abuelas para que me buscaran en la Casa Cuna. Estuve ocho horas con mi mamá. Y a mí me entregan a la familia Penna-Mauriño. El que me lleva es el comisario de la Brigada de San Justo, Oscar Penna, me regala a su hermano y a su cuñada, y ellos me apropian y me crían, él hasta el año siguiente, porque muere, ella queda viuda, y yo me crío con ella y con su hijo”.

“Mis abuelas, Enriqueta y Blanca Artigas, no sabían que yo había nacido, pudieron saberlo porque Adriana Chamorro y Eduardo Corro lograron salir en libertad y desde Canadá les avisaron que me habían llevado a la Casa Cuna, pero cuando van a buscarme no había ninguna nena de apellido Moyano, sí había un varón, que luego resultó que era Juan Pablo Moyano, otro nieto recuperado, pero ellas no lo sabían, y a partir de ahí empieza todo el trajín de mis abuelas: denuncias ante todos los organismos, hábeas corpus, presentaciones”.

“A mí me habían dicho que era adoptada. Me fueron dando distintas versiones, que mis padres habían muerto en un accidente, ya más grande que mi mamá había muerto en el parto y que mi papá me había abandonado, y yo pude identificar que me habían dado dos relatos distintos, y esto me generaba más angustia todavía. Esto lo hablé con mi maestra de primer grado, y ella se dio cuenta que había algo raro. Pudo acceder a toda mi documentación y acercársela a las Abuelas que se pusieron a investigar. Y cuando reunieron toda la información, presentaron el caso a la justicia”.

“El juez que interviene es Juan Ramos Padilla, y va a mi domicilio un 27 de diciembre de 1987, me dice que sospecha que tengo una familia biológica que me está buscando, y que para eso me tiene que llevar al juzgado. Logra llevarme, me hacen los análisis de sangre y resultó que era compatible en más de un 99 por ciento con la familia Moyano-Artigas, así que el 30 de diciembre del 87 me da la noticia que tenía una familia y el 31 conozco a mis abuelas”.

“La adolescencia no fue fácil. Viví con mi familia uruguaya hasta los 15 años, me vine acá con mi abuela paterna un tiempo y después estuve por todos lados hasta que el juzgado me emancipó. Reconstruir el vínculo fue complejo pero a mis 9 años sí pude valorar el esfuerzo enorme que hicieron mis abuelas por encontrarme y por buscar a sus hijos. Eso me enamoraba de mis abuelas y por eso decidí quedarme con ellas”.

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