En general, las prisioneras que se encontraban en estado de gravidez no recibían un trato preferencial por parte de los represores. Se encontraban alojadas en el mismo lugar y en las mismas condiciones inhumanas de detención que el resto de los prisioneros, recibiendo la misma cantidad y tipo de comida, y sin acceso a una atención médica que correspondiera a los controles periódicos que debe recibir una mujer embarazada.
No obstante, ha habido variaciones de acuerdo a cada caso particular. Por un lado, ha habido casos de embarazadas que ocasionalmente recibieron un mejor trato por parte de algún represor en particular, presumiblemente por la intención ulterior de apropiarse de su bebé una vez nacido, tal como algunos de ellos decían explícitamente1. En contraposición con esta actitud, en otros casos las detenidas —a pesar de su condición especialmente vulnerable— sufrían un ensañamiento particular por parte de los represores a raíz de su embarazo. A menudo, cuando estas detenidas pedían que no las torturen debido a su estado, los represores focalizaban la tortura en el vientre y les decían que iban a matar así a sus hijos2.
El Hospital Militar de Campo de Mayo como maternidad clandestina
y su conexión con “El Vesubio”
En la mayoría de los casos, las detenidas embarazadas secuestradas en “El Vesubio” eran conducidas al Hospital Militar de Campo de Mayo una vez que su embarazo llegaba a término, ya que en “El Vesubio” no había infraestructura o posibilidades de atender un parto3.
Existía un vínculo operativo estrecho entre el centro clandestino de detención “El Vesubio” y el Hospital Militar de Campo de Mayo4, en particular respecto de las prisioneras embarazadas que estaban secuestradas en el CCD, y cuyos embarazos iban llegando a término.
A partir de los testimonios de sobrevivientes, que permiten reconstruir el trayecto que realizaron las detenidas embarazadas de “El Vesubio” para dar a luz, hemos relevado al menos seis casos de traslados de mujeres encintas a ese hospital, y otros tres casos en que es alta la probabilidad de que ese haya sido su destino (de un total de cerca de 16 embarazadas5 que pasaron por “El Vesubio”). En algunos casos, el traslado al hospital militar fue sólo por atención médica, pero en la mayoría, el objetivo era que las prisioneras dieran a luz en ese lugar, para luego regresarlas al centro clandestino sin sus bebés. Es necesario destacar que todas las detenidas ilegales que dieron a luz en el hospital permanecen desaparecidas.
En la siguiente tabla, se consignan los casos de las prisioneras embarazadas que fueron trasladadas temporalmente a alguna dependencia hospitalaria durante su paso por “El Vesubio”. Se explicita con qué objetivo se produjo el traslado (atención médica general o parto), y en cuáles de esos casos hemos podido confirmar que la dependencia a la que fueron trasladadas era efectivamente el Hospital Militar de Campo de Mayo.
Apellido y nombre |
Período de detención en “El Vesubio” |
Traslado por atención médica |
Traslado por parto |
Paso por Campo de Mayo confirmado |
Situación actual |
Alfaro, Elena |
19/04/77 a 3 o 4/11/77 |
x |
|
Si |
Liberada |
Galeano, Celina |
Agosto de 1978 |
|
x |
No |
Liberada |
Gersberg, Esther |
21/07/78 a por lo menos octubre de 1978 |
|
X (pérdida del bebé) |
Si |
Desaparecida |
Lanzilotto, Ana María |
|
|
x |
No |
Desaparecida |
Molina Herrera, Lucía Esther |
|
|
x |
Si |
Desaparecida |
Osola, Susana |
Mayo de 1976 |
|
x |
Si |
Desaparecida |
Piñeiro, Mónica Haydée |
Fines de julio de 1978 a 12/09/78 |
x |
|
No |
Liberada |
Taranto, Rosa Luján |
Aprox. mediados de mayo de 1977 a septiembre de 1977 |
|
x |
Si |
Desaparecida |
Trotta, María Teresa |
Por lo menos abril de 1977 a abril/mayo de 1977 |
|
x |
Si |
Desaparecida |
De acuerdo al libro “La sombra de Campo de Mayo”6, que reseña el funcionamiento de la guarnición militar de Campo de Mayo, allí hubo tres centros clandestinos, además del Hospital Militar: “El Campito” o “Los Tordos”, “La Casita” o “Las Casitas” y la prisión militar de encausados “Campo de Mayo”.
El Hospital Militar funcionó de manera sistemática como maternidad clandestina para prisioneras embarazadas provenientes de esos CCD ubicados dentro del mismo predio militar, así como también de campos de concentración que funcionaban en las proximidades de la dependencia (tal es el caso de “El Vesubio”). De acuerdo a lo declarado por sobrevivientes, y por médicos y parteras que se desempeñaron en ese hospital durante la dictadura7 las detenidas embarazadas —que eran mantenidas con vida en función del plan sistemático de apropiación de niños— eran llevadas al Hospital Militar cuando estaban próximas a la fecha del parto: eran ingresadas como “NN” a través del Pabellón de Epidemiología8, y alojadas allí con los ojos vendados y atadas a las camas, con custodia permanente. En ningún caso eran registradas en los libros del hospital. Después de verificar su estado de salud, a menudo se les inyectaba suero para acelerar el trabajo de parto. En otros casos, directamente se les realizaban cesáreas, hasta un mes antes de que el embarazo llegara a término9. Si el parto se producía sin intervención quirúrgica, el bebé permanecía con su madre durante dos días; si se realizaba una cesárea, ese plazo se extendía a cinco días. En ambos casos, después de ese breve período, el bebé era sustraído (sin ser anotado en los registros del Hospital) y, en la mayoría de los casos, llevado a la nursery del hospital, mientras que la madre era regresada al centro clandestino del que provenía, o era directamente desaparecida.
Los partos (en una u otra modalidad) se producían en el servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital, que estuvo a cargo del médico militar Julio César Caserotto entre enero de 1977 y diciembre de 1983. De acuerdo al testimonio ante la Justicia10 de uno de los médicos civiles del hospital, la jerarquía de los médicos militares11 sobrepasaba a la de los civiles, y en varios casos de partos, éstos últimos eran directamente reemplazados por médicos del ejército o de la policía. Cuando el mayor Caserrotto declaró ante la Justicia12, sostuvo que “existían órdenes verbales y escritas por la superioridad, para que se asistiera a las parturientas traídas por personal de Inteligencia”13.
Existen datos que incluso permiten sospechar que algunos médicos militares o policiales del Hospital Militar de Campo de Mayo estuvieron presentes directamente en las dependencias del centro clandestino “El Vesubio”. Tal es el caso del médico de la Policía de la provincia de Buenos Aires Ricardo Nicolás Lederer, quien se desempeñaba en el servicio de Ginecología del Hospital (es decir, en donde se producían los partos de las prisioneras ilegales)
14. Según consta en la causa sobre el Primer Cuerpo de Ejército
15, los sobrevivientes de “El Vesubio” María Angélica Pérez de Micflick, Roberto Luis Gualdi y Claudio Orlando Niro lo identificaron en reconocimientos fotográficos como uno de los represores que vieron en el centro clandestino. Y otros tres testigos, Ana María Molina, María Elena Rita Fernández y Pablo Martínez Sameck, creen identificarlo como uno de los represores que participó incluso de sus operativos de secuestro.
1 La sobreviviente María Susana Reyes declaró en el Juicio por la Verdad de La Plata (4 de agosto de 1999, causa nº 1152) que uno de los represores, Diego Salvador Chemes, la “cuidaba” en forma particular, le acercaba comida, y le señalaba la panza al tiempo que le decía “va a ser mío” (en referencia al bebé por nacer).
2 Testimonio de Alejandra Naftal en el Juicio a las Juntas Militares (causa nº 13/85, 4 de julio de 1985).
3 A su vez, en al menos un caso, una embarazada secuestrada en “El Vesubio”, Blanca Estela Angerosa, fue llevada al Hospital Militar Central de Capital Federal, para dar a luz allí a su bebé.
4 El Hospital Militar era parte de la guarnición militar de Campo de Mayo, sede del Comando de Institutos Militares. Ese Comando funcionaba a su vez como jefatura de la zona 4 del Primer Cuerpo de Ejército. Dicha zona estuvo comandada entre septiembre de 1975 y febrero de 1979 por el general Santiago Omar Riveros. Lo sucedieron en el cargo el general José Montes (hasta diciembre de 1979), el general Cristino Nicolaides (hasta diciembre de 1980) y el general Reynaldo Benito Bignone. Fueron subjefes: Carlos Alberto Dalla Tea (desde septiembre de 1975), Fernando Humberto Santiago (desde enero de 1976), Reynaldo Bignone (desde diciembre de 1976), Antonio Domingo Bussi (desde diciembre de 1977), Edmundo René Ojeda (desde enero de 1979) y nuevamente Bignone (desde septiembre de 1980 hasta que asumió como jefe dos meses después). El jefe de Inteligencia desde enero de 1976 fue el coronel Fernando Ezequiel Verplaetsen.
5 Esta cifra es tentativa y surge de los datos que hemos podido reunir hasta ahora. Incluye los casos confirmados y los casos sospechados con cierto grado de certeza. Este número podría ampliarse a medida que esta investigación continúe su avance y actualización.
6 Domínguez, Fabián y Sayus, Alfredo. La sombra de Campo de Mayo. Capítulo 3: “Hospital Militar”. Versión digital, publicada en el sitio web: www.nuncamas.org
7 “Según denuncias presentadas ante la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP) por seis médicos obstetras, cuatro parteras y dos enfermeras que se desempeñaban en el hospital en aquella época, había un movimiento permanente de embarazadas que se extendió desde el ´76 al ´80”. En: Domínguez, Fabián y Sayus, Alfredo. La sombra de Campo de Mayo. Op. Cit.
8 Este pabellón estaba a cargo del médico militar Norberto Atilio Blanco, en la actualidad imputado en una causa penal en la que se investiga la apropiación de dos hijos de desaparecidos, nacidos en cautiverio en el Hospital Militar de Campo de Mayo.
9 Las cesáreas se practicaban porque la detenida embarazada estaba en pésimas condiciones de salud o para que el bebé naciera antes de que el embarazo llegara a término.
10 Las causas penales que investigan delitos perpetrados en la jurisdicción de Campo de Mayo durante la dictadura son fundamentalmente dos: 1) en la justicia federal de San Martín, la causa caratulada “Riveros, Santiago Omar y otros s/ privación ilegal de la libertad, torturas, homicidios, etc”, Juzgado Federal Nº 2 de San Martín, a cargo del juez federal Alberto Suárez Araujo; y 2) en la justicia federal de Capital Federal, la causa sobre el plan sistemático de apropiación de menores, que lleva el nº 10.326/1996, caratulada “Cristino Nicolaides y otros s/ sustracción de menores”, Juzgado Federal nº 7 de Capital Federal, actualmente a cargo del juez federal Guillermo Montenegro.
11 Fueron directores del Hospital el general médico Agatino Di Benedetto y los coroneles médicos Ramón Vicente Posse y Mario Antonio Remis. También se desempeñaron en las distintas áreas involucradas en la maternidad clandestina: el médico obstetra Ovidio Álvarez, el neonatólogo Carlos Raffinetti, el médico policial Ricardo Nicolás Lederer, y los médicos militares Julio César Caserotto, Norberto Bianco y Félix Juan Domínguez.
12 En el marco de la causa sobre el plan sistemático de apropiación de niños (causa nº 10.326/1996), en ese entonces a cargo del juez Adolfo Bagnasco, y actualmente a cargo del juez Guillermo Montenegro.
13 Domínguez, Fabián y Sayus, Alfredo. La sombra de Campo de Mayo. Op. Cit.
14 Esto es confirmado en la declaración testimonial del médico Roberto Antonio Schinocca (su primer declaración consta en el legajo CONADEP nº 6517, y luego ratifica y amplía su declaración en el marco de la causa nº 10.326/1996, Juzgado Federal nº 7 de Capital Federal, sobre el plan sistemático de apropiación de menores). Según denuncias de algunos organismos de derechos humanos, que citan testimonios de compañeros de Lederer en el Hospital Militar, el médico “tenía pretensiones de mejorar la raza”. Lederer sigue en actividad como médico policial (dependiente de la Dirección de Sanidad de la Policía de la pr ovincia de Buenos Aires), y en febrero de 2006 fue ascendido de teniente primero a capitán de la fuerza (por la resolución Nº 175, que consta en el Boletín Informativo Nº 19 del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires).
15 Ver resolución del 23/05/06, citada anteriormente.