El conjunto de casas se encontraba cerca del Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini (Ezeiza), a raíz de lo cual los detenidos solían escuchar el despegue y aterrizaje de aviones de gran porte. Asimismo, cerca de allí pasaba un tren de carga del ex Ferrocarril Belgrano (actual Metropolitano) —cuyo paso y silbato se escuchaban a determinados intervalos desde el centro clandestino—, y por algunas de las ventanas mal tapiadas se veía pasar el colectivo de la línea 86.
El acceso al predio se realizaba por una calle de tierra que daba a la Autopista Ricchieri a través de una tranquera, con una instalación para la guardia. Tenía otro acceso que daba al Camino de Cintura. El conjunto de casas estaba rodeado por un jardín con plantas de adorno y árboles, y había una pileta de natación. En el terreno también había un tanque australiano y un molino de viento1.
Las construcciones consistían en tres casas más bien antiguas, tipo chalet, de estilo colonial, con tejas rojas.

A.- Casa 1 (“Jefatura”): En este lugar permanecían los represores, que lo denominaban “mesa de operaciones”. Era una casa de tres dormitorios, dos baños, un sótano (en el que en determinados período también se alojó a detenidos) y una sala de reuniones del personal. Había una cocina instalada y otra improvisada a un costado. En el living había una mesa ovalada muy grande con varias sillas (allí comían los represores), y un televisor. Otra de las habitaciones era el dormitorio del Jefe del centro clandestino, a donde frecuentemente eran llevadas algunas detenidas, a veces para ser violadas por Pedro Alberto Durán Sáenz (cuando éste comandaba el campo de concentración). Otro de los dormitorios era utilizado como depósito de ropa. Había un baño, con un gran espejo, las paredes revestidas con azulejos negros, una bañera y una ventana tapiada que daba al exterior. La Jefatura disponía de teléfono y, cuando atendían, los represores decían “La Ponderosa” (el nombre anterior del conjunto de edificios en el que funcionó “El Vesubio”).

B.- Casa 2 ("Enfermería"): Era el lugar en donde se realizaban las sesiones de tortura. Consistía en un hall central —con piso de baldosas rojas y una chimenea— con tres o cuatro salas de tortura (también denominadas “quirófanos” en la jerga de los represores), de pequeña dimensión, divididas con tabiques de aglomerado revestidos con telgopor y "decorados con cruces svásticas", insignias y frases (“Nosotros somos Dios”, “Viva Hitler”,

“Viva el General Videla”). En cada una de ellas había una cama de hierro sin colchón y un barril lleno de agua. En las puertas de las distintas habitaciones había letreros en los que se podía leer “Sala de Interrogatorios Tácticos Nº 1” y “Detenidos en tránsito”. A la derecha del hall, se encontraba una sala más grande con varias camas y un baño. Allí el piso era de baldosas blancas y rojas. Otra de las habitaciones tenía paredes amarillas, dos ventanas tapiadas y un ropero en el que los guardias dejaban sus pertenencias. Frente a esta casa se encontraba la parada de la línea de colectivos 86. Si bien la Casa 2 estaba destinada como lugar de torturas y no de alojamiento de prisioneros, algunos sobrevivientes testimoniaron que durante los últimos meses de funcionamiento del CCD (hacia mediados de 1978) también allí se alojaba a detenidos, ya que las celdas de la Casa 3 no disponían de lugar suficiente, dado el alto número de prisioneros secuestrados allí a esa altura. En el caso de los prisioneros cautivos en la Casa 2, eran llevados a la Casa 3 para utilizar el baño.

C.- Casa 3 (“Cuchas” y "Sala Q"): Era el edificio en donde se alojaba a los detenidos ilegales. Existían allí dos sectores diferenciados para hombres y mujeres. Cada uno de estos sectores estaba a su vez subdividido en “cuchas” (denominadas así por su similitud a cuchas de perros). En el caso del sector para las mujeres, las “cuchas” estaban divididas por tabiques de madera de aproximadamente un metro de alto. En el caso del sector para los hombres, las divisiones estaban hechas mediante paredes de ladrillos de canto, que formaban espacios de aproximadamente un 1 metro de ancho por 2 metros de largo, sin techo. En ambos casos, dentro de cada “cucha” permanecía alojado un prisionero (aunque en ocasiones, como forma de castigo o por haber exceso de prisioneros, ha habido dos o tres personas alojadas en el mismo cubículo). Los detenidos estaban vendados o encapuchados. En el caso de las mujeres, se encontraban esposadas con una mano a un grillete fijado al zócalo, y durante las noches además se les engrillaban los pies. Los hombres permanecían todo el día con una mano y un pie esposados al grillete fijado en la pared. El sector reservado para las mujeres tenía piso de madera tipo parquet y un techo muy alto. El piso del sector de los hombres era de ladrillo. La casa disponía de cocina y baño. El sector de “cuchas” estaba dividido de la cocina por una puerta de hierro con rejas. Las ventanas estaban tapiadas con maderas. La "Sala Q" era una habitación prefabricada, contigua, donde se alojaban detenidos más antiguos. Varios testimonios indican que la “Sala Q” debía su nombre a que allí eran alojados los prisioneros “quebrados” que colaboraban con los captores. En esa sala había un televisor, y los detenidos alojados allí disponían de camas, agua caliente, más comida o cigarrillos. En ocasiones, se realizaban interrogatorios en la “Sala Q”.

En los comienzos del funcionamiento del CCD —cuando todavía era conocido entre los represores como “La Ponderosa”, en 1975—, los prisioneros eran alojados en la Casa 1 (“Jefatura”). No obstante, a comienzos de 1976, cuando empezó a funcionar en ese lugar la Central de Reunión de Información (CRI) —y el centro clandestino pasó a conocerse como “El Vesubio”—, los detenidos pasaron a ser alojados en las Casas 2 y 3, mientras que la Casa 1 se convirtió en la sede de operaciones de los represores que manejaban el campo.


1Versión digital del libro Nunca Más del año 2004 (www.nuncamas.org).