Funcionamiento del CCD en relación a las prisioneras embarazadas
Al igual que en la mayor parte de los centros clandestinos del “circuito Camps”, en el “Pozo de Quilmes” las prisioneras embarazadas no recibían un trato preferencial por parte de los represores, salvo alguna excepción1, y en ese caso presumiblemente con la intención de preservar —hasta cierto punto— la salud del bebé, teniendo como propósito último la sustracción y apropiación del niño nacido en cautiverio. En general, eran alojadas junto al resto de los prisioneros, soportando las mismas condiciones de alojamiento y alimentación.
Las mujeres embarazadas, pese a su estado de salud especialmente delicado, fueron sometidas a tormentos al igual que el resto de los prisioneros. El caso de la desaparecida Aída Sanz es paradigmático, ya que fueron las torturas con picana eléctrica —a pocos días de que su embarazo llegara a término— las que aceleraron su trabajo de parto. En otro de los casos, la prisionera embarazada Marta Josefa Enrique sufrió las primeras complicaciones en el “Pozo de Quilmes”, a raíz de los maltratos y las pésimas condiciones de vida, y cuando fue “legalizada” y trasladada al penal de Devoto, perdió su bebé. Los médicos de la cárcel establecieron que la pérdida del embarazo se originó por la falta de alimentación a la que había sido sometida.
El “Pozo de Quilmes” no era un centro clandestino que estuviese especialmente preparado para manejar los nacimientos en cautiverio, y es por eso que su funcionamiento respecto de las mujeres embarazadas no tuvo un carácter sistemático: cada caso tuvo características particulares, y es difícil realizar una generalización. No obstante, sí es posible marcar una tendencia, sobre todo en lo referente a la conexión que este CCD mantuvo con el “Pozo de Banfield” en este aspecto puntual: es más que factible inferir que fue debido a esta falta de infraestructura que la Brigada de Quilmes estableció una conexión tan fluida con el “Pozo de Banfield” respecto de las detenidas embarazadas. De hecho —y sin considerar los casos de las prisioneras encintas de Quilmes que perdieron sus bebés o que fueron liberadas antes del parto—, de las cinco embarazadas que estuvieron en el “Pozo de Quilmes” cuyos embarazos llegaron a término en cautiverio, tres de ellas fueron trasladadas a Banfield para el momento del parto2. Allí, solían ser “atendidas” por el médico policial Jorge Antonio Bergés, que visitaba más asiduamente el “Pozo de Banfield” que la Brigada de Quilmes.
1 La sobreviviente Norma Esther Leanza de Chiesa contó que en el caso de la detenida uruguaya Mary Artigas de Moyano, que se encontraba embarazada, “la venía a ver alguien que le decían Saracho (…) y que digamos que venía a atenderla. En ese momento la atendían, le traían fruta, leche” (testimonio en el Juicio por la Verdad de La Plata, causa nº 883/SU, 15 de agosto de 2001).
2 El restante fue el caso de la prisionera embarazada Silvia Mabel Isabella Valenzi, cuyo trabajo de parto comenzó sorpresivamente y antes de la fecha prevista. Se presume que fue ese motivo el que impidió a los represores organizar el traslado a Banfield y los llevó a trasladarla de urgencia al Hospital Municipal de Quilmes, ubicado muy cerca del centro clandestino, para que tuviera allí a su bebé. Este caso, como los del resto de las embarazadas del “Pozo de Quilmes”, será desarrollado en detalle en el apartado dedicado al relevamiento “caso por caso”.