1. Función del CCD de 1 y 60 en el circuito de centros clandestinos:
Este centro clandestino funcionó, por un lado, como un lugar transitorio de detenidos —es decir que se los mantenía allí por plazos breves hasta ubicarlos en otro sitio — y, por otro lado, como depósito permanente.
La razón fundamental para aseverar esto último es que con el comienzo mismo del golpe de Estado comenzaron a utilizarse las dependencias de 1 y 60 para el alojamiento de las personas que eran secuestradas, mientras que otros CCD fueron puestos en funcionamiento recién varios meses después del 24 de marzo, por lo cual resulta evidente que la logística del terrorismo de Estado todavía no había terminado de conformarse.
Los detenidos que llegaban este CCD entre marzo y septiembre de 1976, por lo general, eran trabajadores o bien pertenecían fundamentalmente a organizaciones gremiales de las empresas y fábricas del polo industrial concentrado en Berisso y Ensenada (entre otras, Propulsora Siderúrgica, Astilleros Río Santiago, Frigorífico SWIFT).
2. Procedencia e ingreso de los detenidos:
La llegada de los detenidos solía ser de dos maneras. Una de las modalidades era los procedimientos realizados por las llamadas “fuerzas conjuntas” —es decir, personal del Ejército, la Marina y la Policía de la provincia de Buenos Aires—, que se llevaban a cabo generalmente en horas de la madrugada secuestrando personas desde sus domicilios, para luego trasladarlas directamente a la Dirección de Infantería.
La otra manera de arribo era la llegada de los detenidos provenientes de otros CCD. Los casos frecuentes eran Subprefectura Puerto La Plata, Batallón de Infantería Mecanizada (B.I.M.) Nº 3, Escuela Naval y Base Naval de Río Santiago. Como se ha mencionado anteriormente, los detenidos ingresaban por el portón ubicado sobre la calle 60 entre 1 y 115, y luego eran depositados en la cuadra, en donde permanecían vendados y esposados a las cuchetas metálicas.
3. Traslados para sesiones de tortura:
La aplicación de tormentos a los prisioneros solía realizarse en diferentes lugares, efectuándose tanto en un lugar específico dentro de Infantería como en otros CCD, mediante traslados que eran realizados en camiones de la Policía provincial y en vehículos pertenecientes a áreas ajenas a las fuerzas de seguridad. A modo de ejemplo, es digno volver a citar al sobreviviente Eduardo Schaposnik, quien precisó que fue trasladado en “una camioneta Dodge, color verde oliva que pertenecía al Ministerio de Asuntos Agrario y tenía el número 10.189”.1
Los destinos comunes en los que se realizaban estas sesiones de tortura eran la Subprefectura Puerto La Plata, el B.I.M. Nº 3, y especialmente Arana, sin poder precisarse con exactitud cuál era la edificación, ya sea el Destacamento o el “Pozo”. Resulta importante destacar que, de acuerdo al testimonio de la ex detenida Nélida Balbi, también se practicaron torturas dentro de los camiones en los cuales se realizaban los traslados, sin hacer bajar a los detenidos de los vehículos, aunque ya hubieran llegado a destino (Arana, en este caso puntual).2
Estos traslados se realizaban en horas de la noche, por personal militar, aunque no habría que descartar la presencia de policías. Llevaban a los detenidos en grupos de alrededor de 7 personas, que eran puestas unas sobre otras y tapadas con mantas en los camiones, o bien esposadas en aquellos vehículos que contaban con barandas metálicas a sus costados en el interior. Los detenidos eran luego devueltos a 1 y 60 y depositados en una celda aislada del resto de los prisioneros hasta que se recuperasen, por un espacio de 24 o 48 horas.
4. Presencia de médicos:
Era común que en las sesiones de tortura participasen médicos, controlando el límite para la aplicación de estos tratos vejatorios, de modo que los detenidos no murieran, y a su vez revisándolos antes y después de cada sesión.
La presencia de médicos también se advirtió ante un brote de conjuntivitis o infección ocular que se produjo entre los detenidos: al tener que ser revisados sus ojos, obviamente tuvieron que ser destabicados, por lo que el médico interviniente se encapuchó para no ser identificado.
5. Archivo de fotografías:
El fotógrafo policial Raúl Horacio Napp prestó servicios en la Dirección de Infantería en el año 1976 como fotógrafo, y declaró en el Juicio por la Verdad de La Plata3 que a los detenidos políticos les tomaban fotografías al momento de ingresar a este CCD. Las fotos eran tomadas en el patio, de frente y de perfil, y luego se conformaba una ficha por cada detenido, que era pasada a un archivo que obraría en esta dependencia policial o bien en la Jefatura de Policía.
6. Certificados:
Era una práctica común en la Dirección de Infantería el hecho de extenderle a las personas que estaban detenidas —y que luego eran liberadas directamente desde este CCD— un certificado firmado y sellado por autoridades militares del Área Operacional 113 (con sede en el Regimiento de Infantería N°7 de La Plata): en cada certificado constaba una fecha de detención y una fecha de salida, aunque no siempre eran las correctas.

Certificado extraído del Legajo CONADEP nº 4597, correspondiente a Mario OTERO
7. Actuación de los represores:
La dirección y el mando sobre este CCD estaban directamente subordinados al Regimiento Nº 7 de La Plata. Para graficarlo, cabe citar textualmente el testimonio prestado por el ex detenido Horacio García Gerboles, que refiriéndose al Coronel Roque Carlos Alberto Presti dijo: “Cuando nos llevan, este, entramos, lo hacen pasar a la guardia, que estaba por el lado de 60, 1 y 115, nos sacan la capucha, los revisan, estaba el Ejército por un lado, Subprefectura por otro ... y dice ‘esta gente en está condiciones que viene no la podemos recibir’, venimos mal, siete días sin comer, torturas y entonces hablan con el Jefe del 7 de Infantería que era... que estaba a cargo de todo esto...”. Continúa diciendo: “lo qué pasa, qué él era el que daba las ordenes para recibir la gente...”, y agrega: “Lo consultan, aparentemente dice ‘que lo dejen ahí detenidos’ y quedamos ahí. Cuando llegamos nos ponen de vuelta la capucha y ahí estuvimos hasta ese tiempo con capucha y esposado”.4
Los testimonios de los sobrevivientes son coincidentes en cuanto a que la responsabilidad directa partía desde el Ejército y los funcionarios policiales acataban las órdenes impartidas por aquellos. Sin embargo, esto de ninguna manera dispensa al personal policial de su responsabilidad por el trato vejatorio y cruel para con los detenidos.
Cabe aclarar de todos modos que otras fuerzas tuvieron injerencia en la situación de los detenidos de 1 y 60. Por ejemplo, en los traslados de detenidos para las sesiones de tortura, al menos los que se realizaban hacia el B.I.M. 3 y Subprefectura, participaba personal de la Marina.
Según declara el ex detenido Schaposnik, a principios de agosto de 1976 se retiró de 1 y 60 el personal del Ejército, quedando el CCD a cargo de personal estrictamente policial, no variando el trato hacia las personas que se encontraban allí secuestradas.
8. Grupos Especiales:
Según diversos testimonios de personas liberadas5, en la órbita de la Dirección de Infantería operaba también un grupo “especial” que se denominaba Grupo “Halcón” o “Puma”, que salía a realizar operativos en los cuales los represores saqueaban viviendas y secuestraban personas extranjeras y estudiantes.
La formación de estos grupos especiales —que no encuadran exactamente en lo que se denominó Grupo de Tareas— fue confirmada por el policía Miguel Ángel Bellomo6, que prestó servicios en la Dirección de Infantería en los años 1976 y 1977. Bellomo precisó que no era un grupo especial sino cuatro, señaló que estaban al mando de diferentes oficiales, e identificó a tres de ellos: Grupo HALCON, Grupo PUMA y Grupo ESCORPIÓN. Con respecto a los oficiales a cargo de estas formaciones de choque, nombró a Alberto Pulvermacher y a dos policías bonaerenses de apellidos Monzón y Osterrier.
La vestimenta de estos grupos era verde, de fajina militar, y en algunos casos tenían una insignia con la figura correspondiente al grupo que pertenecían.
9. Las medallas de Plaza:
Es conocida la circunstancia de que muchos familiares de personas que habían sido secuestradas y se encontraban desaparecidas acudían a parroquias y se entrevistaban con autoridades eclesiásticas para que éstas los ayudaran en su búsqueda. Uno de los personajes que mas visitas recibió fue Monseñor Antonio José Plaza, quien por lo general prometía recabar algún dato y mandaba a rezar a los familiares. Sin embargo, lo que no comentaba Plaza a los familiares era que él solía estar en contacto con detenidos desaparecidos. Así, el Monseñor fue visto luciendo su sotana en la Dirección de Infantería, escoltando al General Camps en sus visitas a este CCD. Pero su participación no era pasiva sino que les decía a los detenidos que colaborasen ya que de otra manera “obligarían al personal a torturarlos”, personal que era bendecido en las misas que Plaza sabía oficiar dentro de esta dependencia.
Como muestra más elocuente del cinismo y participación de este eclesiástico, hay que mencionar el episodio en el cual repartió medallitas a los detenidos con los cuales él encontraba cierto tipo de afinidad.7
1 Legajo CONADEP nº 6769, anteriormente citado.
2 Testimonio de Nélida Balbi en el Juicio por la Verdad de La Plata (causa nº 2012/SU, 19 de junio de 2002).
3 Testimonio de Raúl Horacio Napp en el Juicio por la Verdad de La Plata (causa nº 1170/SU, 22 de noviembre de 2000).
4 Testimonio de Horacio García Gerboles en el Juicio por la Verdad de La Plata (causa nº 2116/SU, 5 de septiembre de 2001.
5 Testimonio de Luis Aníbal Rivadeneira en el Juicio por la Verdad de La Plata (causa nº 2299/SU, 8 de septiembre de 2004). Testimonio de Fermín Ricardo Azcárate en el Juicio por la Verdad de La Plata (causa nº 2080/SU, 11 de julio de 2001).
6 Testimonio del policía Miguel Ángel Bellomo en el Juicio por la Verdad de La Plata (causa nº 847/SU, 27 de agosto de 2003).
7 Legajo CONADEP nº 6769, anteriormente citado. Testimonio de Luis Aníbal Rivadeneira en el Juicio por la Verdad, anteriormente citado.